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sábado, 21 de marzo de 2009

Los cañones del río Ebrón.

"Pues ve por las piedritas, como vamos todos..."

Esta semana José Manuel nos bajó de las montañas y nos propuso una ruta por el río Ebrón, cerca de Ademuz, recorriendo el curso del río desde la localidad de El Cuervo hasta Tormón y regreso por el mismo sitio, estimando para ello unos 15 o 16 km...

Bueno, esta era la idea original porque la realidad no fue tal. Ya habíamos leído que el peligro de esta ruta no era ni su distancia, ni la altura, ni sus dificultades orográficas, sino el tiempo que se puede perder –mejor dicho, emplear- en admirar los paisajes que salen al paso y hacer fotografías. Pues eso nos pasó a nosotros que, encandilados por lo que veíamos y por el murmullo del río que nos atraía como los cantos de las sirenas a Ulises, nos entretuvimos más de lo previsto y no pudimos completar la ruta.

Cuenta una leyenda –aunque posiblemente no sea cierta, por lo menos es graciosa- que en una época de mucha sequía, el río Ebro se quedó sin agua, secándose su cauce. Como esto no pasó con este río, sino que continuó con su caudal habitual, este hecho hizo que los vecinos del pueblo le pusieran ese sobrenombre, el Ebrón: “¡Pá chulo, mi pirulo!”.

Comenzamos la ruta en el paraje de “Los Chorros”, una zona con mesitas de madera tipo merendero, con fuente y con unas cascadas en una pared muy bien aprovechadas.

Mirando, a continuación, estas dos fotos uno puede pensar que he aplicado un efecto espejo o que ¡vaya ruta más corta!, pero es que nada más empezar nos equivocamos y gracias al grito de un labriego que iba en un tractor, volvimos sobre nuestros iniciales pasos y tomamos el camino correcto.

En primer lugar nos dirigimos a la zona de la piscifactoría por unos bonitos senderos.

Después seguimos durante casi toda la ruta paralelos al río, que tuvimos que cruzar varias veces por puentes de todo tipo.

Llegamos hasta otra zona de mesas de madera –hasta la que se puede llegar con los coches- y subimos a un mirador desde el que se nos respondía a las preguntas existenciales de donde veníamos y adonde íbamos. Salva, como siempre, que no se fiaba, y mirando los acantilados cercanos, pensaba: “Pues no sé hoy donde nos va hacer subir José Manuel”.

Volvimos a bajar para continuar con nuestro trayecto, a lo largo del cual vimos muchos cortados que recuerdan a “nuestro particular Monte Rus…..” Ay, no, que eso es de hace dos rutas.

Seguimos al lado del río que nos ofrece vistas de sus cristalinas aguas.

Y el camino se ve aderezado por divertidos pasos por escaleras de madera y bajadas protegidas con barandillas de cables, que le dan a la ruta un toque más aventurero. En una de las imágenes vemos a Salva que le está diciendo a Jose: “Pues Pablo dice que tampoco se fía y que seguro que hay que subir algo”.

El siguiente vadeo del río parecía el casting de la próxima película de Indiana Jones.
Y seguimos deleitándonos con los preciosos paisajes…, tanto que hasta las rocas parecen decir: ¡¡¡¡¡OOOOHHHHH!!!!!

En este momento llegamos al momento “piedritas” de la ruta. Habíamos visto en fotos de otras crónicas que había que cruzar el río por una hilera de piedras que no revestía dificultad, pero con todo lo que ha llovido este invierno, el río hacía que las rocas estuvieran cubiertas por el agua, por lo que salvo Manolo que cruzó corriendo por encima de ellas mojándose algo las botas, los demás nos descalzamos para pasar por el agua. No hace falta que os diga la temperatura del líquido elemento… Cuando salías por el otro lado te dolían los pies del frío.

Esta situación me hizo recordar un chiste que alguien (no recuerdo si fue Carmen_D o Almudena) contó mientras íbamos andando hace tiempo en otra de las marchas:

Va Jesús con sus discípulos atravesando por la superficie el lago Tiberíades y le dice Pedro: "¡¡Maestro, que me hundo!!". Jesús le contesta sin girarse: "Tranquilo Pedro, ten fe". Al instante, vuelve a decir Pedro: "¡¡¡Maestro, Maestro, que me hundo!!!". Jesús le dice: "Tranquilo, Pedro, cree en Dios, nuestro Padre". Pedro vuelve a decir: "Maestro, coño, ¡¡¡que me estoy hundiendo!!!" Y Jesús se gira y le contesta: "¡¡Hostia Pedro, pues ve por las piedritas como vamos todos!!!"

Y a continuación del momento piedras se nos ofrecieron otros también muy entretenidos.

Llegamos al paraje de La Fonseca, donde hay un puente natural de tierra elevado por el que después pasaríamos, que salva un angosto cañón.

Aún seguimos por una senda recién acondicionada algo así como un kilómetro más, pero José Manuel vio que serpenteaba bordeando los meandros del río por arriba de los cañones y que calculando lo que nos iba a costar llegar a Tormón y lo que nos tendríamos que entretener todavía viendo “La Tejería, la cascada y la Cueva de la Iglesia” y la hora que era, optó por comenzar el regreso ya que sino se iba a hacer muy tarde.


Lo pendiente lo dejamos para otra ocasión.

Hasta la próxima.
Podréis descargaros el track clicando aquí: ROCACOSCOLLA.

2 comentarios:

  1. Pablo te queda muy bonito eso de las "piedritas" pues el agua estaba de co.j../congelada que me duelen los dedos todavia, las fotos casi hablan por si solas, y yo sin pensarlo tire unas 30, un dia completo.

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  2. Realmente guapo este sitio, tengo que ir a conocerlo en persona.

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