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domingo, 2 de agosto de 2009

La Porta del Cel

"La vives cuando la haces pero suspiras cada vez que la recuerdas"

En los dos años anteriores, para finalizar la temporada, José Manuel había organizado una excursión a Pirineos, un año al Garmo Negro y el otro al Monte Perdido y el Valle de Añisclo y creíamos que eso ya iba a ser una sana costumbre que se iba a repetir cada año, por lo que algunos la esperábamos con ilusión e incluso pensábamos planificar nuestras vacaciones para tener libres esas fechas pero conforme se iba acercando el mes de Junio, José Manuel nos iba diciendo que este año no iba a organizar nada.

No por ello mis ganas de hacer algo desaparecieron y en un momento de una de las rutas en que coincidimos Almudena, Salva y yo, salieron a la conversación las rutas de travesía que se estaban poniendo de moda en los Pirineos yendo de refugio en refugio de montaña. De hecho Salva más tarde hizo una él solo que se llama "Cavalls al Vent". Eso sembró en mí la semilla y me puse a leer sobre el tema.

Cuando un día le comenté a José Manuel que yo no me quería quedar sin ir a Pirineos y que si no se organizaba nada estaba pensando en hacer una de estas rutas organizadas por mi cuenta, resulta que, casualidades que ocurren, coincidimos en el deseo y que él también estaba mirando la posibilidad de hacer una que le habían comentado cuando lhizo la ruta de Castellón Morella. Le dije que si se animaba podíamos hacer una juntos, ya que siempre que se sale a la montaña es mejor ir acompañado y así fue como al final José Manuel se decantó en la elección por "La Porta del Cel" porque era una de las que eran más nuevas y todavía no estaban masificadas. Más tarde se nos unió al proyecto Juan Carlos.

La Porta del Cel es una exigente travesía que hace un recorrido de unos 65 km., pasando por 4 refugios de montaña y en la que hay que salvar un desnivel acumulado de 11.000 metros, que en nuestro caso se convirtieron en 11.600m. Se llama la Porta del Cel porque dice que nos llevará casi al cielo cuando subamos a la cumbre más alta de Cataluña, la Pica d'Estats (3143 m.) y el Pico de Certascan. Tambn se dice que el color que veremos en los lagos será el reflejo del mismo cielo, que los tiñe con distintas tonalidades de azul. La ruta está situada en el Parc Natural de l'Alt Pirineu que es el mayor de Catalunya, con casi 70.000 ha. y situado en el Pirineo axial catalán, a caballo de las comarcas del Pallars Sobirà y el Alt Urgell. Al principio de la ruta te dan una camiseta, una cartulina parecida a la credencial del Camino de Santiago en la que hay que sellar en los refugios por donde pases y también en los dos picos y en la Cabaña de Boldís, donde hay sendas pinzas que agujerean cada una de una manera diferente la credencial para asegurar que has pasado por allí. Al finalizar otra vez en el Camping de Graus, te dan un obsequio por haber completado la travesía, en esta ocasión una toallita técnica.

Por arte de birlibirloque fui encargado de hacer todas las gestiones: las llamadas a la organización, las reservas previas, las transferencias, la lista de cosas a meter en la mochila (que fuimos rectificando entre todos) y también fui nombrado chófer oficial de la ruta. Una vez todos los trámites resueltos, el martes 28 de julio pasé a recoger a José Manuel a las 06'30 y a continuación a Juan Carlos que nos esperaba en una rotonda de El Puig.

Llegamos a Tavascan a la hora de comer y buscando sitio nos metimos en uno de los restaurantes de los tres hoteles que están uno al lado del otro en la calle principal sin saber por cuál decidirnos. Al final creo que nos equivocamos ya que, aunque no comimos mal, por el mismo precio, en el restaurante de enfrente llamado Llacs de Cardós, hubiéramos comido de lujo, como comprobamos el último día.

Después de comer y pasear un poco por los alrededores, nos cambiamos, cargamos las mochilas y empezamos nuestra gran aventura dirigiéndonos al primer refugio.


La travesía está planeada para hacerla en 5 etapas dejando el coche en Tavascan. Los datos técnicos de la ruta como el desnivel acumulado de subida y de bajada en cada ruta los he cogido de la misma web de La Porta del Cel.



  • 1ª ETAPA:
    De Tavascan, 1116 m. al camping de Graus, 1360 m.
    Desnivel: +
    290 m., -50 m.
    Longitud: 4,2 kms.
    Horario: 1.30 horas
Esta etapa es un mero trámite ya que se hace en hora y media pero si no se hace así y se empieza en Graus, habría que añadírsela a la última, justamente la más larga y pesada y sirve para abrir boca y empezar a vivir ya los paisajes del Pirineo. Tavascan es un pueblo muy pequeño pero muy bien conservado, con sus casas típicas con el techo de pizarra. Este puente de arco de medio punto era objeto de fotografía de todas las cámaras. La imagen en que aparece José Manuel solo, se convertiría en típica para nosotros en la travesía. Todas las mañanas al comenzar la ruta teníamos que esperarle mientras andaba deambulando de un sitio para otro con el GPS en la mano "cazando satélites".



Nada más salir de Tavascan cogimos una antigua senda y comenzamos a emborracharnos con los paisajes pirenaicos, con agua y arroyos por todas partes.



En el tiempo previsto llegamos al Camping de Graus y por fin pude verle el careto a Susanna, la persona de la organización con la que había hablado varias veces mientras preparábamos el viaje. El refugio es un bonito edificio que, además de lo agradable y cuidado que está, lo tuvimos para nosotros tres solos, ya que coincidía que ese día no comenzaba nadie más la ruta. Tras instalarnos y la pertinente ducha nos concedimos un momento "reposo del guerrero" en la terraza del edificio principal. Durante la cena nos pusieron un video de la travesía en el que además de las imágenes de la ruta se ofrecían consejos a los participantes.




  • 2ª ETAPA:
    Del camping de Graus,1360 m. al refugio de Certascan, 2240 m.
    Desnivel: +1500 m., -620 m.

    Longitud: 12,5 kms.
    Horario previsto: 6.20 horas (sin paradas).
A la mañana siguiente, tras un magnífico y copioso desayuno, nos pusimos en marcha una vez cumplido el trámite de la caza de satélites. Nos dirigimos hacia un poblado que ahora sólo se usa como residencia de fines de semana llamado Bordas de Noarre.




Una vez lo pasamos comenzó la primera subida fuerte para ponernos en nuestro sitio. Tuvimos que tomarnos un respiro ya que como se ve en las imágenes, antes circulábamos por el lecho del valle, al lado del río y ahora estábamos en lo más alto.




Al llegar al final de la ladera había un arroyo con un lago, y a la mujer de un grupo de franceses que se ve en frente de Juan Carlos, la pillamos literalmente en bragas, pues estaba haciendo sus necesidades tranquilamente cuando asomaron nuestras cabezas. Se las subió tan rápido que creo que los laterales le llegaron hasta las axilas.



Aquí me dí mi primer baño de pies mientras paramos para tomar algo y es que me encanta meter los pies en el agua helada de los arroyos. Después cuando te calzas las botas te sientes como nuevo. Reanudamos la marcha y continuamos subiendo siguiendo las fitas de piedra y maravillándonos de la mezcla de colores en las paredes que normalmente están nevadas la mayor parte del año y que ahora se nos ofrecían desnudas.




Este es el primer trozo de nevero que pudimos tocar y para celebrarlo me hice una foto con él. Tocaba seguir subiendo, como no, toda esta pedrera.



Subir y subir hasta llegar al Collado de Certascan que es un punto donde puedes elegir entre continuar o subir al pico. En la tercera imagen, bajo un cielo azul photoshop, vemos a Juan Carlos ya preparado para subir mientras José Manuel y yo acabábamos de dejar las mochilas tras unas piedras para ascender más descargados (es un hecho habitual en este punto) pues se baja por el mismo sitio. Como se ve en esa imagen el sitio por donde hay que subir es una pedrera con una senda muy inclinada compuesta de piedrecitas y tierra suelta, que si costaba subir, lo que yo temía era la bajada. Una vez llegamos arriba del Pico de Certascan (2852 m.) le pusimos la camiseta de Rocacoscolla al pilón del vértice geodésico y nos entretuvimos admirando las vistas que siempre se ofrecen desde lo más alto. En el lateral derecho del gran lago ya se ve el refugio de Certascan que es adonde nos dirigimos. Me pareció curioso que allí arriba hubiera tal cantidad de abejas que volaban a mucha velocidad, supongo que para pasar de un valle a otro.




Como dije, la bajada a mí me imponía respeto pues pensaba que era muy fácil resbalar con tanta pendiente y el terreno tan suelto, por eso les dije que me dejaran ir en medio, como para sentirme más protegido. Al final no fue para tanto y con cuidado se pudo bajar bien pero es que se había encendido mi sentido arácnido. Más tarde, en la parte inferior de un gran nevero nacía un arroyo del deshielo y decidimos parar para comer. El agua estaba tan fresca que no pudimos resistir la tentación de hartarnos de beber agua de él. El año pasado esto no me sentó bien, pero en esta travesía bebí del agua de muchos arroyos y no me ocurrió nada, eso sí, siempre que estuvieran a bastante altura para que no hubiera animales que los contaminaran. Mientras comíamos volví a meter los pies en el agua, esta vez secundado también por los otros. El agua estaba tan fría que Juan Carlos y yo sólo podíamos mantener los pies en el agua durante unos segundos porque enseguida los pies dolían del frío. En cambio nos dejó impresionados José Manuel, que parecía que tenía los pies de corcho, ya que podía mantenerlos en el agua el tiempo que fuera.




Cuando nos aproximábamos al refugio veíamos a lo lejos otros grandes lagos pero cuando pasamos por las orillas del de Certascan que dicen que es el lago natural más grande de los Pirineos y de sus aguas tan limpias y transparentes, daban ganas de quitarse la mochila y lanzarse a nadar. Pero el agua debe estar helada ya que no se veían ni peces.




Este es el refugio de Certascan, sólo, en medio de la montaña y al lado de un lago enorme y precioso. Creo que podría vivir allí. El burrito es parte de una pareja que utilizan para subir las mercaderías al refugio, ya que aquí no hay carreteras y la pista más próxima se encuentra a 40 minutos. En el refugio coincidimos con una pareja de catalanes (Montse y Ángel) con los que hicimos rápida amistad y que nos acompañarían ya toda la ruta y con otra simpática pareja del País Vasco (Ana y Andoni) que estaba haciendo la ruta por su cuenta y en sentido contrario. Como había buen rollo cenamos en una mesa todos juntos y el buen humor iba surgiendo por doquier, tanto que en un momento dije que al día siguiente no íbamos a llegar al refugio para la hora de la cena, ya que si a ellos, siendo vascos, les había venido justo.... También bromeamos ya en privado diciendo que cuando llegaran al Collado de Certascan y tuvieran que subir al pico, en lugar de dejar la mochila el chico diría: ¿Qué cojones dejar la mochila? ¡Yo subo con ella y encima le meto cuatro piedras, joder!. Todo esto en broma, porque eran una pareja excelente.

Destacar la cena que nos preparó "vasco" el cocinero del refugio: arroz con verduras, ensalada para todos, canelones, tarta de postre... todo buenísimo y regado con su gran humor. Y Alejandro, el guarda del refugio, con el que enseguida nos entendimos a la perfección y que aunque decía que no le habíamos hecho suficientemente la pelota, acabó por invitarnos a unos chupitos de pacharán. Un saludo a todos ellos.



  • 3ª ETAPA:
    Del refugio de Certascan, 2240 m. al refugio de Pinet, 2240 m.

    Desnivel: +1350 m., -1350 m.
    Longitud: 13,3 kms.
    Horario previsto: 7.45 horas (sin paradas)
En la anterior imagen, momento de emprender la marcha al día siguiente, la que dicen que es la más dura del recorrido, podemos ver a José Manuel en el momento "caza de satélites". Comenzamos bajando para después volver a subir, es la tónica, contemplando los paisajes que se muestran de este modo, sin nieve, cada uno diferente al otro ya que el manto blanco unifica la escena. Las vistas al Estany Romedo de Dalt con sus reflejos de espejo son de lo más relajante.





Comenzamos otro descenso por las piedras del lecho de un arroyo y contemplando una cascada nos olvidamos de seguir las marcas y cuando se consultó el GPS resulta que íbamos desplazados lateralmente. Esto es algo que ocurrió en varias ocasiones en esta ruta, el que José Manuel consultara tan poco el GPS. Lo llevaba en una posición nada práctica, en el hombro, con lo que para mirarlo tenía que soltar unas gomas y después volver a colocárselas. Esta dificultad hacía que lo consultara muy poco. Nos guiábamos por las marcas del GR y por las fitas, pero a veces las marcas no estaban visibles y el seguir las fitas hizo que perdiéramos la ruta varias veces ya que las fitas indican un camino pero a veces ese camino no es el tuyo. A mí me gusta ir consultando también el mío porque dos opiniones son mejor que una y lo que no ve uno quizás lo vea el otro pero la dificultad para cargar mi GPS hizo que sólo lo llevara para consultarlo en caso de emergencia, como más tarde se verá. Y cuando las fuerzas de todos van justas por la exigencia del terreno y tienes que volver a ascender lo que acabas de bajar, la verdad es que fastidia, pero son cosas que pasan aún mirándolo.



Algo más tarde llegamos a un lugar donde tuvimos que hacer una ligera destrepada, ayudados por un cable existente que será bastante útil cuando esté todo nevado.



Más lagos ¡Si es que está todo lleno! En la segunda foto quise captar la transparencia del agua.



Y en éstas los reflejos en las aguas del Estany Romedo de Baix. Lo que ocurre es que se necesita un gran angular como el ojo humano y hay que elegir, o sacas lo de arriba o lo de abajo.



A subir unas roquitas. En la segunda imagen, a la altura de donde está Juan Carlos, había una marca en la piedra grande por lo que seguimos recto, claro, sin mirar el GPS, y cuando llevábamos un trecho la senda comenzó a perderse, lo que nos hizo dudar, consultar y ver que en la piedra había que haber ido por la derecha de la explanada. José Manuel decidió volver sobre sus pasos, hasta la piedra y comenzar el camino correcto, mientras que Juan Carlos y yo nos fuimos cortando campo a través saltando el arroyo un par de veces. A continuación vino una dura subida (como todas las de aquí) y en la foto en que están los dos sentados y sonrientes, es sólo para la foto porque llevábamos una sudada de tres pares y nos paramos a comer unas barritas y descansar un poco. Resulta que siempre en las grandes subidas decíamos que pararíamos en el collado, pero como las subidas no se acababan nunca, a veces teníamos que decir: Bueno, ¿consideramos esto como "collado"? y parábamos.






Al llegar arriba del todo, la cresta hace de frontera entre Francia y España y en la parte francesa se observa ese mar de nubes. Ese es uno de los riesgos de esta etapa, que a partir de las 14'00 o 15'00 horas suele levantarse una niebla muy espesa que obliga a tirar de GPS porque no se distinguen las marcas ni el camino y es muy fácil perderse. En nuestro caso, en principio, la niebla estuvo ahí para la foto porque por suerte se disipó enseguida. La segunda imagen muestra la enorme pedrera de bloques que había que bajar. Durante mucho rato estuvimos bajándolos saltando de unos a otros, cosa que no se podría haber hecho de haber llovido sin riesgo de resbalarse. Al llegar abajo había un arroyo procedente de esos neveros en los que bebimos y yo necesitaba refrescar los pies en agua tras la dura bajada, pero como se suponía que había un lago cerca decidimos parar un poco más tarde.



Pero de cerca nada, bueno igual en distancia no había mucha pero en desnivel... Tras desviarnos a la derecha en una senda que tenía un cartel que decía "Pinet" comenzó otra gran subida al Pic de Broate, desde donde se observa el Etang de Montestaure



Bajamos a comer al lago con los pies en el agua, claro, y me dí cuenta de que llevaba una pequeña ampolla en cada pulgar de los pies, pero de esas profundas que no son de líquido y aunque molestaban algo, no fueron a más y después simplemente han desaparecido. Pero en las bajadas me venía bien levantar los pulgares para que aquello no fuera "in crescendo". La larga bajada por los bloques de piedra me había pasado factura. Juan Carlos, el máquina, nada, y José Manuel, en parte debido a que casi estrenaba botas en la ruta y a que decía que se las había apretado demasiado cada vez llevaba más tiritas, esparadrapos preventivos y compeed de gel en los talones... Entre eso y las cremas que se ponía decíamos que parecía Robocop. Pero se hacía su apaño y tiraba bien.

Otra fuerte subida por otra enorme pedrera, de las que dan vértigo si miras hacia abajo y piensas que todo terminará cuando llegues arriba pero no, al llegar lo que ves es una bajada igual de pronunciada y sin senda definida, a libre elección. Juan Carlos y José Manuel decidieron ir por las piedras, mientras que yo prefería ir pisando donde nacía la hierba.



Aunque ya se ve el refugio de Pinet, nos habían advertido que aunque parezca que ya está ahí, aún quedan casi dos horas de marcha.



Y es que hay un barranco de por medio, por lo que hay que ir por la ladera de la derecha remontando unas laderas muy empinadas que se hacen eternas, fabricándose cada uno las "zetas" para subir como cada uno pueda y ademas, al final la temida niebla hizo su aparición. Menos mal que no se hizo muy densa hasta el final. Hay que seguir por la derecha sobrepasando el refugio para después bajar por un paso y cruzar por el gran nevero y a continuación trepar una pared ayudados por un cable.




Y por fin, de repente, oculto por la niebla aparece la figura del esperado refugio de Pinet con este fantasmagórico aspecto.



En el momento de formalizar la entrada y al entregar mi DNI, salió a la conversación que ese día era mi cumpleaños y enseguida el alegre Patrick, el guarda del refugio, me dijo que antes de cenar nos iba a invitar a un aperitivo. Y dicho y hecho, cuando después de las duchas estábamos sentados charlando en las mesas, se acercó con tres vasos de vino fresco y otro para él y un platito de cacahuetes y brindó con nosotros por mi onomástica. Desde aquí se lo agradezco.

Ya nos habían dicho que le gustaba la fiesta y después de la buena cena que nos ofreció, sacó su guitarra, repartió libretos con letras de canciones populares francesas y, acompañado de un joven que trabajaba con él y que tocaba el violín se puso a cantar a viva voz animándonos a todos a que cantáramos con él. Cosa que hicieron los franceses, que eran todos los demás, mientras nosotros disfrutábamos con el espectáculo. La verdad es que lo hicieron muy bien. Gracias otra vez, Patrick, por la alegría y afabilidad que desprendes.

  • 4ª ETAPA:
    Del refugio de Pinet, 2240 m. al refugio de Vallferrera, 1940 m.
    Desnivel: +1100 m., -1400 m.

    Longitud: 13,3 kms.
    Horario previsto: 7,15horas (sin paradas)
La mañana se despertó radiante y una vez que José Manuel hubo cazado sus satélites nos pusimos en marcha, subiendo ya de inicio para despertar las piernas.



Hay que seguir por la ladera izquierda del gran nevero. Por la minisenda discurre la tubería que surte de agua al refugio de Pinet, una vez la recoge de algún manantial de agua constante y más alto que el refugio y así también se aseguran la presión. Seguimos atravesando pedreras y allí por donde apunta aquel nevero en la tercera imagen tenemos que pasar. O sea que toca subir hasta arriba y pasar por el Coll de la Cometa.



Prueba superada. Llegamos al final del valle y de la cuesta, bueno, de esa cuesta porque esto nunca se acaba.



Tras cruzar algunos pequeños neveros ya se divisa la Pica allá en lo alto.



Aquí Francia, aquí unos señores. Hay que subir toda esta pedrera. Obsérvese el desnivel, nada, a hacer zetas. Cuando llegamos al collado existe la posibilidad de subir al Montcalm (3077 m.), que está al lado, pero éste me lo ahorro pensando en que el descenso será un castigo extra para mis pies y todavía hay que subir dos tresmiles. Me quedo en el collado en compañía de este Border Collie de unos franceses que estaban con nosotros en Pinet y aprovecho para llamar a casa. José Manuel también se aprovecha y de paso que me quedo me deja su mochila y sube más ligero. Así también hubiera subido yo, jeje. Mientras espero a que bajen hago fotos del lugar.




Una vez regresan iniciamos la ascensión al segundo tresmil, el Verdaguer (3125 m.) y aquí tenemos a todos llegando a la cima. Nos fotografiamos con las camisetas del grupo.



Unas vistas desde la cumbre y en la cuarta imagen, al fondo, la Pica d'Estats.




Descendemos el picacho y volvemos a ascender para subir por fin a la Pica d'Estats (3143 m), la cumbre más alta de Cataluña, que para ellos es emblemática y los fines de semana parece una romería de tanta gente que sube. Con lo estrecho que es el sitio donde está la cruz, hay veces que cuesta moverse de la gente que hay. Hasta Jordi, el pájaro, quiso estar en la cumbre, que ya hay que tener ganas para subir hasta aquí volando.




Ahora toca bajar y tenemos que ir esquivando en lo posible los neveros porque a Montse, la chica catalana le daba miedo pisar sobre ellos. Este pequeño lo tuvo que pasar, no sé si por el borde, pero en la fotografía del medio tuvimos que bajar bastante y despues volver a subir para esquivar uno muy grande que había en la ladera y que se podía haber pasado conservando casi la cota. Llegamos al Port de Sotllo y tras la subida nos paramos a comer. Una vez repuestas algunas fuerzas nos disponemos a bajar otra vez. Hasta el fondo. Hay que pasar por la orilla del lago bajando toda esa resbaladiza pedrera. Aquí me adelanto en la bajada y tras rellenar agua del nevero a media ladera continuo para llegar antes al arroyo de la sexta fotografía e ir metiendo mis pies (esto ya es una obsesión) y así adelantar tiempo. Juan Carlos siempre se apunta al baño de pies y José Manuel ahora no para que no se le despeguen las tiritas.




Desde la "V" de la izquierda hemos bajado y ahora continuamos por un terreno más "normal".





Aunque alguna vez se presentan algunas sorpresas para que no nos aburramos. Como vamos descendiendo de altitud ya se empiezan a observar los primeros árboles y se va recuperando el paisaje pirenaico no tan agreste.




Después de la siguiente imagen me adelanté bastante (me encontraba muy bien en esta etapa) y fui siguiendo las marcas del GR. Tras pasar una zona de árboles caidos en los que costaba reconocer el camino me detuve a esperar al grupo, pero el tiempo pasaba y el grupo no venía. Para comprobar si mi itinerario había sido correcto o me había equivocado y tenía que volver, encendí mi GPS y ví que estaba bien, me encontraba sobre el mismísimo track (el de la organización). Como no venían me decidí a avanzar un poco más (ya que ellos también llevaban GPS) y my sorpresa fue grande cuando vi entonces a José Manuel caminando por una senda un poco más arriba de la mía, tanta que le dije: ¿pero tú qué haces aquí? y allí iban los cuatro. Resulta que José Manuel llevaba dos tracks cargados a la vez en el GPS y a veces seguía uno y a veces el otro, que con pequeñas variaciones llevaban siempre al mismo sitio, y en este caso habían seguido el otro. Juan Carlos me dijo que si llegan a arribar al refugio y no estoy allí, que le da algo, aunque él sabía que yo podía encender mi GPS y guiarme. Continuamos un rato y como seguía bien de fuerzas volví a escaparme. Al rato me alcanzó Juan Carlos y José Manuel continuó con los catalanes. Seguimos a buen ritmo hacia el refugio que se intuía cercano pero nunca llegaba, con la intención de llegar antes e ir adelantando con el tema de las duchas, porque en los refugios suele haber una nada más y hay que hacer cola. Llegamos con una media hora de adelanto sobre los otros y nos dio tiempo a ducharnos y así liberar las duchas. Después mientras los otros iban pasando por el agua, Juan Carlos y yo compramos unas latas y fuimos a un arroyo cercano a bebérnoslas y ya sabéis donde acabaron los pies, jeje. Respecto al precio de las latas me parece que cobrar 3 euros por cada una cuando en el hipermercado valen o'35 es totalmente abusivo. Que te cobren 3 euros en el refugio de Goritz, que las tienen que subir en helicóptero, vale, pero aquí que las traen en coche desde la tienda, como que no tiene sentido.



Para cenar, Ana, la guarda del refugio, nos hizo sentar a todos en una misma mesa y estábamos algo apretados, lo que consideramos un poco raro estando todas las demás libres, pero en fin, cada maestrillo... La cena en sí a mí me agradó bastante. Una sopa que estaba muy buena, ensalada y butifarra catalana con una salsa de berenjena pimiento y tomate que estaba exquisita.

Este refugio está cerca de una pista y lo aprovechan los muchos catalanes que quieren subir a la Pica, sobre todo los fines de semana, para acercarse con el coche y dormir aquí, saliendo por la mañana para comenzar la ruta de ascensión. El refugio estaba bastante tranquilo, pero mientras cenábamos aquello se empezó a llenar y al final no cabía un alfiler. Se ocuparon todas las camas y con esta masificación se perdía el encanto de los refugios solitarios y alejados de las multitudes.



5ª ETAPA:
Del refugio de Vallferrera, 1940 m. a Tavascan, 1116 m.
Desnivel: +1315 m., -2100 m.
Longitud: 20,3 kms.
Horario previsto: 9.30horas (sin paradas).

Para desayunar nos dieron dos opciones o a las 6 o a las 8, nosotros hubiéramos preferido las 7, pero como no podía ser, elegimos desayunar a las 6 por lo que a las 7 de la mañana ya estábamos en marcha. Nos venía bien porque esta iba a ser la etapa más larga y pesada y así nos evitábamos algo de sol.

Comenzámos llaneando y empecé a marcar un ritmo fuerte para aprovechar el fresco. Decían que yo había tomado otro tipo de café. Enseguida vinieron las subidas donde las gotas de sudor de la frente me caían a chorros, supongo que producto también de la mayor humedad, alcanzamos a los catalanes que habían salido antes y llegamos a la Cabaña de Bassello, una caseta de piedra bien conservada.



Desde aquí hay otra subida hasta el refugio de Baborte, un refugio no guardado de color naranja. Al lado del refugio paramos a almorzar (no había arroyo, ¡mecachis!). Pasamos al lado de un grupo de caballos salvajes que ni se inmutaban de que pasáramos nosotros a 5 metros de ellos y enseguida vino una de las subidas que se hicieron especialmente duras. La sexta fotografía muestra la pedrera que hay que subir hasta el Coll de la Laguna.




Esta última parte de la subida se nos hizo durísima, es de esas en que hay que pedir permiso a un pie para mover el otro y a veces quedarte apoyado en los palos para recuperar el resuello.



Encima, una vez arriba no hay ni bar ni nada, solamente una gran planicie por la que hay que ir a buscar la Roca Cigalera que ni es roca ni hay cigalas sino que es un pequeño promontorio desde el que hay buenas vistas ya que está a 2668 metros.



Desde aquí llanear bastante rato y después bajas hasta la zona donde está la Cabaña de Boldís, donde está la pinza para picar la credencial. Aquí nos detuvimos a comer y como había estratégicamente situado un arroyo...



Y ya desde aquí bajar y bajar hasta el pueblo de Tavascán que vemos a lo lejos, allá abajo. Lo malo es que se mantiene durante demasiado tiempo la cota y con lo cansado que vas después de tantas horas te preguntas: ¿Pero por qué no bajamos ya de una vez? y se sigue llaneando por una senda estrecha cruzada de vez en cuando por corrientes de agua que salen de la montaña en las que hay que esquivar el barro con cuidado de no resbalar, que en esta zona ya se ha accidentado gente y es que las piernas ya no responden igual.



El pueblo se va acercando pero muy poco a poco. Como todo tiene su final, en la última fase se adelantó Juan Carlos que se quedó esperándonos a la sombra poco antes de llegar al pueblo. Nos lavamos los pies en el río, nos cambiamos de zapatillas, nos tomamos una cerveza/Coca-Cola y fuimos al Camping de Graus para recoger el obsequio. Nos hubiera gustado despedirnos de Susanna pero no estaba en ese momento. Desde aquí nuestro agradecimiento por toda la ayuda y atenciones prestadas.



En este momento había que tomar una decisión. Desde el primer momento José Manuel había pensado que el último día termináramos la ruta sobre las 5 o 6 de la tarde, haber pedido que nos dejaran ducharnos en el Camping y emprender el regreso hacia Valencia turnándonos para conducir si era necesario, pero el primer punto de cordura lo puso mi mujer, que horas antes ya me había dicho que era una locura haberse levantado a las 5 de la mañana, estar todo el día caminando con ese desnivel y ese esfuerzo y después coger el coche. Era algo muy temerario ya que nos exponíamos a tener un accidente por lo cansados que estábamos, independientemente del que condujera. En su lugar se veía más razonable el cenar allí tranquilamente, alquilar una habitación de hotel para los tres y descansar esa noche y al día siguiente, ya frescos, iniciar el regreso. Por mí estaba claro, ya que era mi mujer la que lo había propuesto y a Juan Carlos le daba igual. El único que quedaba era José Manuel, que tenía que hablar con su mujer para ver si nos quedábamos o nos íbamos. Le dejamos la decisión a él, una vez consultara con la superioridad, pero yo estaba rezando para que nos quedáramos porque era consciente del peligro (y además era mi coche). Una vez consultado nos dijo que vale, que nos quedábamos por lo que alquilamos una habitación en el Llacs de Cardós, el mismo hotel donde se alojaba la pareja de catalanes y cenamos allí en una mesa para los cinco. Y aquí es donde digo que deberíamos haber comido aquí el primer día porque la cena fue exquisita. Todo estaba como dice la abuela del anuncio: ¡De muerte! y con una muy buena calidad en la presentación. Y el precio también estaba de lujo. Para los que hacían la Porta del Cel habían acordado un precio de 39 euros que incluía habitación, cena y desayuno con un estupendo buffet libre. Más no se puede pedir para finalizar esta gran excursión.

Ya he ido agradeciendo durante esta larga crónica las atenciones recibidas de la gente con la que hemos coincidido. Sería repetirme si hablo del compañerismo y la armonía y ganas de disfrutar de todo lo que ofrece la ruta, que ha habido entre nosotros tres y ya a nivel personal me toca agradecer a mi mujer que desde el principio no me hubiera puesto pegas para realizar esta magnífica travesía y que incluso me mandara mensajes de apoyo vía móvil durante élla tales como que "ya que estaba allí que lo disfrutara", "que me lo pasara bien", el inevitable "cuidado" y el "que la fuerza os acompañe" y falta que nos hacía.

De las casi 300 fotos que hice durante la ruta he intentado compartir con vosotros las que creo que son las mejores. Espero que os hayan gustado.

Un saludo a todos y hasta pronto.
Podéis descargaros los tracks directamente desde la web de "La Porta del Cel".









4 comentarios:

  1. Impresionante,sin mas,toda una experiencia la que habéis vivido,gracias por compartirla.
    Saludos!!!

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  2. Me he quedado muda al final de la lectura, recuerdo haber reido, haberme emocionado, en fin, toda una experiencia la que habeis vivido. Y sin duda, Juan Carlos es una máquina, je,je

    Nuria

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  3. Estaba observando el mapa del Parc Natural de lÁlt Pirineu, por que Kiquet me había comentado que los tres estabais en esa zona realizando la travesía de la Porta del Cel, cuando me conecte a Internet y compruebo que ya has publicado toda la experiencia, creo que tu relato junto al de José Manuel me han hecho sentir una cosa especial que ha llegado a emocionarme, sinceramente fantástico, gracias por dejarnos este impresionante testimonio, las fotos magnificas.
    Hasta pronto

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  4. Como dice Toni, impresionante travesía, mi enhorabuena a los tres. Habéis vivido una experiencia inolvidable. Todo perfecto, y las fotos las he visto una a una y el texto de los que enganchan y crean afición. El Pirineo vividos así no se olvida. Me ha emocionado al igual que a Juan.

    Abrazos a los tres.

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