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sábado, 11 de julio de 2009

PR-290 Gestalgar - Peña María - Balneario Chulilla (Fuencaliente) - Gestalgar


"Conversaciones con Dios"

Éste es el título de un libro escrito por Neale Donald Walsch que me recomendó una persona cuando tenía un momento místico hace ya unos años. Tan bien me lo puso que me lo compré y ahí lo tengo en la estantería haciendo cola hasta que tenga yo también mi momento profundo.

Esta semana iba a ir con la familia a hacer el Barranco de la Maimona pero de la manera que apuntó José Manuel en su crónica, es decir, haciéndola toda a pie. Saliendo de Montanejos por el PRVT- 126 en dirección a Los Calpes y después de unas vistas espectaculares y de unos 6 kilómetros y medio habríamos llegado al lugar donde iniciamos la ruta por el agua la vez anterior. Desde ahí, descendiendo por el barranco por el lecho del arroyo hasta el coche. Pero la previsión se torció. Queda pendiente para otra ocasión.

Como la familia no podía salir opté por hacer yo una ruta que me gusta recorrer todos los años y es el sendero circular PR-290 que parte y vuelve a Gestalgar.

A este pueblo me unen recuerdos de la infancia ya que un vecino amigo de mis padres tenía en el pueblo una casita, cerca del Castillo y eran muchos los fines de semana que íbamos y nos quedábamos a dormir, con la de sensaciones que ofrece dormir en una casa antigua de pueblo, con corral, recámara, pozo... de todo. Incluso un verano nos tiramos aquí 3 meses enteros y recuerdo que ibamos a comprarle la leche a un pastor que había al principio de la calle y que tenía un rebaño de cabras. Toda una gozada. Y a esa edad los recuerdos se te quedan impresos con tinta indeleble.

A las 7'30 ya estaba en la Fuente de los Chorros para comenzar el paseo. Sabía que iba a hacer muchas fotos y como tenía todo el tiempo del mundo incluso me dedique a hacer probaturas. Las primeras en la playa donde está el Molino, al que veo que le han acicalado el sombrero con un azul intenso. La quietud de las aguas a estas horas es un verdadero espejo.


Cruzando el río y siguiendo la pista se llega a la Fuente del Morenillo en cuya base han colocado piedras para hacer una pequeña poza. Siempre me llama la atención la cantidad de una especie de pequeños helechos que se llaman "Culantrillos", los cuales me gustan por su delicadeza y frescor. Varias veces he intentado criarlos en casa, comprándolos en macetas pero no han sobrevivido y aquí, silvestres, ala.



Se continua con la subida y en la falda trasera de la Peña María ya se puede ver un buen paisaje.

Cuando ya había llegado arriba y se veía enfrente la Peña, las nubes ofrecían llamativos dibujos. De repente se abrió el cielo, salieron unos haces de luz y el tiempo se detuvo, un silencio lo envolvió todo y una voz grave se apoderó de la escena diciendo: "Continua caminando por estos montes ya que eso será bueno para tu cuerpo y para tu espíritu pero como sigas haciendo el gilipollas con la camarita igual me enfado y hasta hago que te mojes... ale, marchando".
Pues nada, a seguir que parece que estoy enturbiando la paz de las alturas. Estas imagenes son una de cada lado del camino. La primera es la que no da al rio. En esas vertientes te paras y se escucha el silencio. No se oye nada. La otra imagen muestra el final del barranco y se ve el camino por el que tendré que regresar.
Después se llega al "mojón de los tres términos", en el que coinciden Gestalgar, Chulilla y Sot de Chera y se ve abajo La Hoya de Cherales donde han transformado el terreno en una gran plantación de naranjos en terrazas ¡Vaya caprichazo! En plena montaña, desde luego desentona. Es uno de los inconvenientes del riego por goteo, que te plantan en cualquier sitio.
La foto que he puesto al lado del mojón es la de cerca de la puerta del huerto pero viéndola cuando las has pasado y te giras hacia atrás. Resulta que en una de mis primeras rutas senderiles decidí hacer este sendero pero al revés de cómo se hace normalmente y esto es lo que me encontré de cara al llegar aquí. En esta pista coinciden dos senderos el 290 y el 291, que son tangentes en un tramo. La señal del 290 es un poste que está casi oculto al frente por la maleza y claro, despistado que iba, pues seguí por la pista yendo hacia la derecha en lugar de seguir recto.
Yo creía que iba bien, siguiendo marcas blancas y amarillas, pero no me percaté de que ya se trataban del otro sendero. Cuando me dí cuenta de que algo iba mal ya había recorrido bastante trecho y como siempre pasa, me sabía mal desandar lo que había andado y traté de seguir para buscar algún camino que me llevara en mi dirección, lo que claramente me alejaba de la solución. Pero esa zona es inhóspita, no me crucé a nadie, se me acabó la comida y el agua (que al final pude reponer) y a las 16'30 me llamó mi mujer al móvil y me preguntó si no iba a ir a comer, a lo que le respondí que lo que no sabía era si iba a ir a cenar. Que estaba en todo lo alto, que veía los chopos hacia donde estaba el rio y donde tenía que dirigirme pero que los caminos no van hacia donde uno quiere. Algo más tarde se me cruzó un Land Rover y lo paré contándole que me había confundido de sendero y me dijo que no era el primero y me acercó amablemente al pueblo donde, en el bar de la zona del motor me tomé una de las cervezas que más he disfrutado en mi vida.
Volviendo a la actualidad. Al fondo, por donde se ve la sierra que cruza en perpendicular, circula el barranco por que tendremos que volver. Y en la otra, al fondo se ve el pueblo de Chulilla.
Llegamos al Balneario de Chulilla, lugar donde hay que comenzar el regreso cruzando por encima de la antigua presa. Puede observarse cómo la fuerza del agua de la riada dobló la compuerta metálica.
Tras un breve paso por los frescos cañares nos vemos metidos dentro del antiguo canal de la presa y pasamos al lado de los restos de la fábrica del Corindón, otra víctima de la riada del 57.
Aquí unas imágenes de río que a mí tanto me gustan y es que el río siempre está ahí pero el agua nunca es la misma. Sobre esta aparente nadería que acabo de decir montó el griego Heráclito un buen follón filosófico en su tiempo.
Más tarde llegamos a la zona de la presa de Molina, zona que a mí siempre me impone respeto. Resulta que no hay otra forma de pasar si no es caminando por el borde de la acequia. La acequia tiene una profundidad de más o menos un metro, pero un metro de altura de agua cuando circula con fuerza, te lleva y fijaros en la segunda fotografía. La acequia se mete dentro de la montaña y no sale hasta pasados unos kilómetros. Sólo de pensar que alguien se cayera y fuera engullido dentro de la montaña se me revuelve el estómago. Cada uno tiene sus temores pero yo ahí veo peligro y el Ayuntamiento debería haber puesto desde el principio unos cuantos gruesos barrotes por si acaso, digo yo.
Después de esta zona viene otra que no es apta para gente con vértigo. Se circula por una senda bastante tupida, pero hay senda. El terreno aquí lleva mucha inclinación y la tierra de la sendita se va perdiendo entre las raíces por lo que hay que tener cuidado al pisar. En dos tramos han puesto unas cadenas en la pared para dar seguridad al pasar, precísamente por eso, porque el camino se va perdiendo y si llueve se puede resbalar, siendo la caidita como la de Chiquito de la Calzada.
En la siguiente imagen se ve la parte final del cañón y se puede distinguir la senda por la que tendremos que pasar, que era la que se veía desde lo alto de la Peña María al principio del relato. En la otra puede verse la presa vieja también rota por la riada. Por eso hacía yo las reflexiones que hacía cuando publiqué la crónica sobre el nuevo parque natural del rio Turia. Si es que nunca aprendemos...
Nos vamos acercando al entorno de la Peña María que ya asoma a lo lejos como si fuera un colmillo ectópico (nacido fuera de sitio) donde en su base hay una fuente con agua fresca y unas
mesas para hacerse un picnic.
Atravesando bóvedas de cañares nos acercamos ya a Gestalgar, donde el Ayuntamiento está embelleciendo el paseo hasta la Peña con barandillas de madera y adecentando la zona. (A ver si le sobra algo para la reja de antes).
Al llegar por fin a la zona del motor donde estaba el gran estanque de cristalinas aguas del principio, me calcé unas zapatillas de agua y me bañé en esas frescas pero apetecibles aguas. Siempre que hago la ruta, este baño es la recompensa (si la hago en verano, claro, que aún así no hay que pensárselo mucho).
Un saludo y hasta otra.
Podréis descargar el track clicando aquí: ROCACOSCOLLA

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