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sábado, 16 de septiembre de 2017

2017 - 09 - Gestalgar, PR-290, Las Toscas y antigua acequia / A+ 500m / 17,5 km

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Este sábado cambiamos la ruta que teníamos prevista, ya que podía hacer mal tiempo por Alicante y nos iríamos hasta Gestalgar, Valencia, con el aliciente de darnos un baño, el que quisiera, al final de la ruta. Esta ruta con esta variante ya la hicimos en 2013 pero sólo fuimos Manuel Carlos, Ana y yo y una chica que vino con nosotros un par de veces.

Se trataría casi de seguir el PR-290 integramente. Lo suelo hacer todos los años, pero añadiríamos un par de variantes por las que ya pasé en su día y que pienso que lo mejoran. Saldríamos desde la Fuente de los Chorros, en Gestalgar, cruzaríamos el río por la pasarela de los Baños del Motor y seguiríamos hasta la bonita Fuente del Morenillo. Subiríamos un poco más hasta desviarnos para llegar a lo alto de la Peña María, desde donde tendríamos buenas vistas.


Continuaríamos siguiendo el PR pasando por el lateral de la plantación de naranjos de la Hoya de Cherales y, cuando lo sobrepasásemos, nos acercaríamos a hacer la primera variante para ver el paraje de Las Toscas. Son unas cascadas que resbalan sobre paredes de musgo hasta un remanso del río Sot. El que caiga agua por las cascadas era una incógnita hasta que no lo viéramos porque dependen de la sequía que haya. Depende de lo que haya llovido y de lo generosas que estén las capas freáticas en este momento.

Conviene llevar zapatillas de agua por si las necesitamos al cruzar el río en este punto. Se suele hacer un charco en esta zona. Y una toalla, así la llevaríamos en la mochila por si quisiéramos bañarnos al final de la ruta antes de llegar a los coches.

Una vez visitado el lugar, volveríamos sobre nuestros pasos hasta la pista y un poco más allá comenzaríamos la segunda variante, que consistiría en abandonar la pista y la posterior carretera hasta el Balneario, metiéndonos por el lateral del Barranco por donde discurre el río Sot. Caminaríamos por un sendero y unas veces por el interior de una antigua acequia seca y otras por su borde, que terminaría en una pista, ya cerca del Turia, que nos llevaría hasta el Balneario de Fuencaliente.

Cruzaríamos la antigua presa, viendo las gruesas compuertas de hierro dobladas por la fuerza de las aguas de la riada de 1957. Ahora circularíamos de vuelta por el otro margen del Turia. Al principio por pista y después ésta se metería por el interior de un antiguo canal, cuyas paredes en ocasiones llegan a tener más de 3 metros de altura.

Pasaríamos al lado de la Antigua fábrica de Corindón y llegaríamos a un punto donde circularíamos unos 25 metros por encima del borde de una acequia. Aunque el borde es ancho (unos 35 cm) conviene tener cuidado en este punto.

Al final la acequia se metería por el interior de la montaña y nosotros seguiríamos por la senda, subiendo poco a poco y viendo los cañones que forma el Turia con algún tramo, a veces, un poco aéreo. Más adelante tendríamos una buena visión de los Cinglos de Gregorio. Bajaríamos y tras visitar los restos de la antigua presa, ya cerca de Gestalgar, cruzaríamos el río por una pasarela para llegar hasta la base de la Peña María, desde donde nace su fuente.

Por las sendas arregladas por el Ayuntamiento llegaríamos a la zona de Baños del Motor, donde podríamos elegir entre tomar un refrescante baño o una cervecita en el bar que hay allí instalado y daríamos por terminada la ruta.

A la cita acudieron Pili, Ángela, Carmen, Reyes, Nolo, Manuel Carlos y un servidor.

La mañana se presentaba fresquita pero sin rastro de nubes que amenazaran lluvia y salió un día perfecto para caminar, con unas ténues nubecillas casi durante toda la mañana que matizaban la fuerza posterior del Sol. 



Como hace tiempo que transformaron esta parte de la carreterilla, ya no se puede aparcar sino en dos campos en la parte derecha que el Ayuntamiento ha habilitado como aparcamientos y en los que en los meses de julio y agosto se suele poner una persona para cobrar por ello. Como no había ya afluencia de público para la zona de baños, tampoco había nadie ya para cobrar. Perfecto.



Comenzamos la ruta dirigiéndonos hacia la zona de los Baños del Motor, pasando por la Fuente de los Chorros.




Siempre que llegamos aquí a estas horas tan tempranas es una gozada ver la superficie en calma y espejada de la superficie de este gran remanso, reflejando la curiosa construcción azul donde se aloja el antiguo motor.






Cruzamos la pasarela sobre el río  y seguimos por la pista, desde donde asomaba de vez en cuando la puntiaguda silueta de la Peña María.


Nos acercamos a visitar el fresco paraje de la Fuente del Morenillo, siempre con buena cantidad de agua y que afortunadamente conserva ese aire romántico aunque pasen los años.






 Salimos del pequeño oasis y continuamos la senda para dirigirnos al siguiente objetivo, la cima de la Peña María.



Desde una curva ya se podía ver su majestuosa estampa con esa pared vertical muy apreciada por los escaladores.


Para su aproximación, la senda nos pasó a la otra parte de la montaña donde se respira siempre un gran silencio y no se escuchan ni siquiera los cantos de los pájaros.


Abandonamos la senda principal por la derecha para visitar la Peña.





Y tras un fácil y corto cresteo llegamos arriba, donde nos hicimos la foto de grupo y admiramos las muy buenas vistas que se nos ofrecían desde allí.



Hacia la izquierda asomaba la población de Chulilla entre sus característicos acantilados.



Al frente los Cinglos de Gregorio, por donde volveríamos al final de la ruta.


Y a la derecha el Turia dirigiéndose hacia Gestalgar, de donde habíamos partido.






Comenzamos el descenso.







Y regresamos a la senda principal, continuando por ella y volviendo de vez en cuando la vista atrás para admirar la bella silueta de la cima que habíamos abandonado.











Más adelante se desplegó ante nosotros la visión de la Hoya de Cherales. Una gran plantación de naranjos que alguien decidió inventarse allí transformando el entorno montañoso y que resulta extraño y bastante postizo.




Pasamos por el mojón de los tres términos, donde confluyen los de Gestalgar, Chulilla y Sot de Chera.


Y continuamos la senda pasando muy cerca de la base de esas paredes, muy aprovechadas también por los escaladores y a los que pudimos avistar desde abajo.




Llegamos a la pista y la seguimos hacia la izquierda y al llegar a una curva a derechas, donde hay una valla de troncos de madera, nos metimos por su izquierda cruzándola para llegar al paraje de las cascadas de las Toscas. No sabíamos cómo estarían de agua pues hace mucho que no llueve por aquí.



Cruzamos el cañar y vimos con alegría y sorpresa que las cascadas se encontraban en todo su esplendor. Nos habíamos traído calzado de agua para poder llegar hasta ellas y así poder contemplarlas de cerca.




Una maravilla encontrar las Toscas así.




Manuel Carlos no dudó en meterse en el agua filmando las cascadas de cerca con su cámara impermeable y en disfrutar dándose un chapuzón.






Tras ese espléndido rato, nos volvimos a enfundar las botas y almorzamos en un llano un poco más arriba y después continuamos un poco por la pista cruzando por una pasarela de cemento el estrecho pero siempre caudaloso río Sot, próximo a desembocar en el Túria.






Un poco más adelante abandonamos la pista por la derecha en descenso siguiendo un senderillo que nos llevaría al comienzo de la antigua acequia, ahora en desuso.




Éste es un tramo muy bonito y emocionante de la ruta, donde deberíamos caminar unas veces por el borde de la acequia y otras por su fondo, dependiendo de la vegetación que nos encontráramos en un sitio o en otro.











Un tramo muy divertido y además viendo y oyendo el río Sot allá abajo saltando entre las piedras.




En un momento se aprecia que el río hace un largo y estrecho remanso entre las altas paredes y apetecería comprobar si se puede bajar nadando por allí.





La senda aboca en la pista que enseguida nos haría pasar por la parte de arriba del Balneario de Chulilla. Desde la última vez que estuve aquí lo han abandonado y ya no está en uso y se nota el efecto de los vándalos rompiendo las cosas por placer. Tanto los cristales como las placas solares. En otros momentos cuando pasabas por aquí oías la música del interior y el bullicio de personas que descansaban en este lugar plácidamente y ahora te invadía un sentimiento de melancolía y, no sé, de cierta rabia de que esta gente tenga también derecho a compartir este mundo con los demás.



Llegamos a la antigua presa sobre el Turia y subimos por sus escalones para cruzarla por arriba. Vimos que hacia la derecha han instalado un puente de madera que ahorra bastante vuelta y hace que no sea necesario cruzar por aquí para gente que tenga algo de vértigo. Pero nosotros cruzamos como lo teníamos previsto, admirando como siempre la fuerza que tuvo que tener la riada del 57 para desencajar y doblar la compuerta de la presa.








Dejamos atrás la presa y continuamos por la pista que sin darnos casi cuenta nos haría circular por el interior de un enorme canal, donde se aprecia el volumen de agua que debía llevar en su época si nos fijamos en la línea del musgo  a unos aproximadamente 3 metros de altura a los que circulaba el agua.



Pasamos al lado de la antigua Fábrica de corindón, donde se elaboraba un polvo fino, material con el que se hacían las lijas.







La pista nos llevaría hasta un azud y seguimos por la senda de enfrente. Aquí, hasta hace poco sólo se podía solucionar este tramo caminando por encima del borde de la acequia. Era bastante peligroso porque la acequia suele ir llena hasta arriba y tiene bastante fuerza y una caída accidental podía dar un buen susto. No por la caída, sino porque el arrastre nos llevaría hasta un punto en que la acequia, más adelante, se mete durante varios cientos de metros por el interior de la montaña y esa abertura no tenía ninguna reja de protección. Yo advertía siempre de la peligrosidad de ese punto en cada crónica. Ahora han puesto unas vallas y ya no se puede circular por el borde de la acequia, sino que hay que bajar de ella y circular por abajo, por la derecha, hasta subir de nuevo a la senda una vez superado el punto donde la acequia se metía en la montaña, lugar que también esta vallado para que no se pueda utilizar tampoco en el sentido contrario de la ruta.


Éste es el lugar donde volvemos a subir a la senda, justo donde se sumergía la acequia en la montaña.


Enseguida venía otro tramo divertido. Es una senda que ha quedado un tanto expuesta pero en que la cadena ayuda a pasar con más confianza.




La senda sigue por el lateral de la montaña y hay que estar siempre atentos para que no se produzcan imprevistos.






Al fondo los Cinglos de Gregorio, a los que nos íbamos acercando.







Otro tramo equipado con cadenas.


Desde este collado se apreciaba una buena parte del recorrido que nos quedaba, siempre por la pared de la izquierda.



Mirar arriba da un poco de vértigo, al ver las altas paredes de un material que no parece muy consistente, aunque lleva allí muchos años.








Llegamos al final del cañón y la senda nos fue acercando a la antigua presa, destrozada también por la riada del 57 y al fondo una fenomenal estampa de la Peña María, adonde habíamos subido en la mañana.






Seguimos la pista y un poco más adelante cruzamos el río a la derecha por una pasarela de cemento para llegarnos a la base de la Peña María, donde hay una pequeña Ermita y una fuente de la que beber y refrescarse.





Volvimos a incorporarnos a la pista y continuamos hacia  la población.






Llegamos a la zona de los Baños del Motor y nos extrañó el verlos desiertos cuando aún hacía una temperatura apetecible para darse un buen chapuzón. Hasta el bar estaba cerrado ya. Nosotros tampoco lo utilizamos para el baño en esta ocasión pues se nos había hecho un poco tarde, pero... ¡volveremos!








Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track de la ruta pulsando aquí: PABLOONCE





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