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sábado, 3 de julio de 2010

Subida al Peñaescabia


“Hacia allí nos dirigimos ¿Por qué? Simplemente porque estaba ahí”
Este sábado Kiquet propuso subir al Peñaescabia. Nos apuntamos 5 amiguetes. Kiquet, Carmen K, Toni y yo, que salimos desde La Eliana. Se nos sumaría Riquelme que nos esperaría en la Fuente de los Cloticos.
En principio íbamos a subir al Peñaescabia, después al vértice geodésico y bajar por el Barranco del Resinero, pero la ruta se cambió sobre la marcha.
Comenzamos a andar con ambiente fresquete. Alguno empezó con manga larga pero en cuanto empezó la subidita las mangas encogieron como por arte de magia.

Vimos desde arriba el idílico grupo de casas de El Molinar, que después visitaríamos y cogimos la pista que indica “Nacimiento del río Palancia” aunque un poco más tarde la abandonamos por la izquierda en sentido ascendente. Vamos subiendo poco a poco, unas veces por pista, otras por senda, entre un bosque de altos pinos, algunos de bastante edad.


Una profusión de margaritas de color violeta nos acompañaba de cuando en cuando. Tomamos la senda por la izquierda donde se anuncia la presencia del Peñaescabia indicando su altitud y Riquelme puso una cara como diciendo: ¡Ya me la han jugado estos con la altura otra vez!, y más adelante pasamos junto al pino en el que quedó convertido el último que mintió sobre lo que había que subir (se observa su gigantesca nariz). Pero no llegó la sangre al río, ya que la subida se hace en encadenados zig-zags y no resulta pesada.



De cuando en cuando la senda nos regala las vistas a las que afortunadamente estamos acostumbrados y alguna curiosa disposición de los pinos, como estos en los que el de delante está diciendo: ¡Eh, cuidadito, que corra el aire!

Como éramos pocos no armábamos mucho ruido y podíamos escuchar cantos de los pájaros como estos:

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Llegamos a una planicie y tras recorrer un tramo, afrontamos por la izquierda un empinado repecho que culmina en la cima de una loma, donde nuestra mirada se perdía a lo lejos en todas direcciones… pero se detenía en una imagen, la del vértice geodésico que veíamos en una elevación frente a nosotros.




Hacia allí nos dirigimos ¿por qué? Simplemente porque estaba ahí. Nos encontramos con una pareja de senderistas que conocían a Jose y Mari porque uno de ellos es el que organiza la marcha de Bronchales que ellos recorren cada año y nos dijeron que les trasladáramos saludos y recuerdos.


Iniciamos el descenso y empezaron a caer unas tímidas gotas que poco a poco fueron perdiendo la vergüenza, tanto que algunos sacaron las capas de lluvia. Nos resguardamos en una pared rocosa y nos disponíamos a almorzar cuando vimos aparecer también a la pareja anterior que al ver que el tiempo podía complicarse, habían decidido cambiar su rumbo. Almorzamos juntos compartiendo el vino de Somontano que trajo Riquelme (nos estás acostumbrando mal) y unos pastelitos de boniato que traía uno de ellos.

La lluvia cesó cuando acabamos de almorzar y proseguimos con la bajada. La propuesta original era volver por dentro del Barranco del Resinero pero como la pareja anterior nos dijo que habían estado por allí hacía dos semanas y que estaba con bastante maleza, se decidió volver por la pista con la votación democrática de 4 votos a favor y uno en contra (el del que suscribe, jeje). Me queda pendiente para una próxima ocasión.
Continuando pues por la pista, nos aproximamos al grupo de casas llamado El Molinar, que conforma un lugar privilegiado por el entorno que lo rodea y la disposición de un pequeño número de casitas bajo la ladera de una montaña, con una pequeña plaza con losas de piedra y bancos de madera y con el arroyo sonando, varias fuentes y dos pozas de aguas transparentes con una cascada cada una… ¿alguien da más?


Cruzando un puentecito nos acercamos a ver las pozas y en la primera había dos personas bañándose (estaba bastante fría). Por la parte de arriba de la cascada, nos dirigimos a ver la otra poza. Había que tener bastante cuidado, porque había que dar algún salto entre las rocas y estaba todo mojado y húmedo, con el consiguiente peligro de resbalar y pegarse un batacazo.


Tras hacer unas fotos en las que se ven las rocas del fondo como prueba de la transparencia de las aguas, nos dirigimos hacia la fuente de los Cloticos, donde teníamos los coches.



Por la pista adornada con cipreses se escuchaban los mismos cantos que en la cima del Peñaescabia.

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Continuamos hacia la preciosa cascada que está pasando el parking, donde hicimos la foto de grupo. Estuvimos deambulando un rato por la zona del río arriba y abajo y volvimos a los coches, terminando la ruta a las 12’30 horas. Nos refrescamos y cambiamos el calzado y dimos por terminada una estupenda jornada senderista.

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Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track pulsando aquí: PABLOONCE

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