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sábado, 29 de mayo de 2010

Pozico Valentín-Campamento Tabarla-Río Magro (Circular)

"Una ruta musical"


Este sábado José Manuel había propuesto una salida que ya se hizo en abril del 2006 pero saliendo de Casas de Mijares. Esta vez, al igual que describe Simón en su blog, que recorrió el mismo camino en 2008, se decidió acortar la ruta en 5 kilómetros saliendo desde el Pozico Valentín.

Se trataba de hacer una ruta circular que toca el GR-7, el SLV-21 y el PRV-148, que recorre un tramo del río Magro, con el aliciente (para algunos, entre los que me incluyo) de que hay que vadearlo varias veces.

Cuando llegamos al lugar de salida, el Pozico Valentín, la hierba estaba toda mojada debido a las lluvias del día anterior y nos rodeaba un poco de niebla, que hacía que el ambiente estuviera fresquillo. Tuvimos que esperar un poco a que llegaran Vte. Metge y Mª José con su coche ya que, debido a un error, creyendo que iban los últimos, resulta que eran los primeros y, corrían tanto buscando a sus inexistentes precedentes que se habían pasado de largo y tuvieron que volver.




Comenzamos el recorrido pasando por las derruidas Casas de Tabarla, lugar donde comienza el círculo que haremos en esta jornada y continuamos por los frondosos pinares hasta el campamento de Tabarla, cruzando un puente de madera de aspecto nuevo y en muy buen estado.




Para meternos un poco en la historia del lugar, el antiguo campamento fue fundado por la OJE y se llamaba el Campamento Cid Campeador. Estaba entonces muy bien dotado, aparte de por la frescura y la belleza del paraje donde se encuentra, por las instalaciones de comedores, cocinas, etc. Hasta en el lugar donde se ponían las tiendas, hay dispuestas en círculo plataformas de hormigón, una para montar encima cada tienda, delimitando lo que sería la explanada en la que en el medio supongo que estaría plantada la bandera, que normalmente se iza al amanecer y se baja al anochecer con todos los componentes en silencio y en círculo y cantando juntos canciones de campamento…

Esto es un fragmento de lo que relata un antiguo alumno del Colegio de San Antonio de Carcaixent en agosto de 1962:

“En Tabarla, en plena sierra Martés, entre peñas y pinos, dentro de un gigantesco circo de altivas montañas, está instalado el Campamento Cid Campeador, de la Organización Juvenil Española. La planicie en donde reposa, con su mástil en el centro, y rodeado de tiendas de blanca lona, semeja un islote entre las aguas del modesto y no siempre apacible río Magro.

Allí, a 750 m. de altitud sobre el nivel del mar, con abundancia de viñedos por los alrededores, colegiales y muchachos de la O. J. E., bisoños unos y veteranos otros en estas lides campamentales, se hermanan así en unos días inolvidables de feliz convivencia, que a todos beneficia y que contribuye a dar más valor social y formativo a la temporada de descanso.”

Y en un artículo de "Las Provincias", de 5 de agosto de 1962, se dice lo siguiente:

“El día 3 de agosto de 1962, el Campamento Cid Campeador recibió la visita del P. Miguel Oltra Hernández, Custodio de la Provincia Franciscana de Valencia, Aragón y Baleares. La recepción tuvo lugar en la plaza del Campamento, donde se le hicieron los honores y pasó revista a todas las centurias."







He encontrado otra referencia en un libro titulado "Vacaciones Colegiales, 1953 (una crónica de la posguerra)", escrito por Francisco Castro Soler, que relata lo siguiente:

"Un par de años más tarde tuve ocasión de vivir algo más de cerca un episodio relacionado con un "maquis". Fue durante un campamento de verano en Tabarla. Era un campamento de la OJE -Organización Juvenil Española-. Es decir, La Falange. Una noche nos despertaron con gran revuelo, porque se temía que uno de estos fugitivos se hubiera refugiado por los alrededores del campamento durante una persecución. Había gran cantidad de Guardias Civiles. En la oscuridad de aquel sitio, el grupo de guardias con su fusil listo, daba miedo. Se decía que el perseguido iba herido. Los comentarios subsiguientes a aquel episodio, entre los acampados, nos aclararon el significado de aquella "maldita" palabra ligada a la resistencia republicana, y no al bandolerismo, como habíamos creído. Los campamentos aquellos eran muy divertidos. Fue la primera ocasión que tuve de pasar unos días fuera de casa y que no repetí hasta pasados varios años. Estaban en sitios montañosos, en parajes naturales muy bonitos y resultaba una estancia agradable, ya que íbamos varios amigos. Nos enseñaban instrucción militar: hacer movimientos y marchar, saludar, formar y otras cosas útliles de preparación para la vida cotidiana. Era como una mili "light". Pero también hacíamos excursiones, nos bañábamos a diario en el río y, lo más bonito, los fuegos de campamento: todos sentados alrededor de la hoguera, después de cenar, contando cuentos y cantando, acmpañados de alguna guitarra o acordeón. Lo peor era que las canciones no eran de mi devoción. No se trata de que fueran feas. Al contrario, eran muy bonitas: "Yo tenía un camarada", "Prietas las filas", "Cara al Sol", etc., y con unas letras preciosas, pero a mí me gustaban más las canciones civiles, por decirlo de alguna forma. El día de la visita de los familiares, por la tarde, después de comer, durante el momento de "la siesta", se desató una tormenta descomunal; en pocos minutos se desbordó el río y nos hinundó el campo, al tiempo que vientos huracanados volaban las tiendas peor situadas o sujetas. Nuestra tienda permaneció en pie gracias a la actuación del padre de uno de mis compañeros de tienda, que logró llegar hasta nosotros y nos hizo colgarnos a todos del travesaño del techo. Hubo heridos y el campamento quedó prácticamente destruido. Por primera vez sentí miedo de los fenómenos naturales..."

No sé cuál es la razón de que el campamento esté en desuso ya que es una zona preciosa. Puede que se haya previsto que sea una zona inundable y por tanto, de riesgo... Espero que no sea por desidia de alguna administración porque supongo que muchas organizaciones juveniles actuales disfrutarían mucho pasando las vacaciones en un lugar como este.




Tras el reportaje fotográfico del lugar, continuamos ahora por el margen del río y lo cruzamos por otro puente gemelo del anterior.








Al rato debemos vadearlo otra vez. En esta ocasión no hay puente y el track indicaba que para cruzarlo había que hacerlo por un sitio en el que había que dar un pequeño salto, pero el lugar ofrecía ciertos riesgos, ya que las botas las llevábamos mojadas y con restos de barro y alguien podría resbalarse y hacerse daño de verdad. Me adelanté corriendo para ver si había algún paso un poco más adelante pero no vi ninguna posibilidad cercana. Cuando regresé donde estaban todos, ya habían saltado cuatro pero el resto, prudentemente, no se atrevía. Volví hacia atrás porque recordaba que a unos cincuenta metros el río podía cruzarse a pie, mojándose, pero sólo hasta menos de la rodilla. Me puse las chanclas y crucé por ahí. Enlacé con los que habían saltado y cuando fui a avisar al resto, ya no estaban. Habían seguido a José Manuel, que optó por continuar el curso del río por esa orilla pensando en la posibilidad de encontrar algún punto donde cruzarlo más adelante.





Nosotros, guiados por Toni, que había hecho el recorrido al año anterior, seguimos por la senda y al poco enlazamos con una cómoda pista que primero nos subió y desde la que veíamos al grupo allá abajo, tratando de avanzar con dificultades por la otra margen. Al final nos detuvimos viendo que iban a llegar a un lugar donde aparentemente no podrían pasar. Jose, que iba el primero, nos preguntaba desde la distancia que cómo se veía desde lo alto el lugar hacia donde él iba y le dijimos que pintaba mal porque tenían que remontar una loma y la vegetación se tornaba muy tupida. De todas formas decidieron no darse la vuelta y seguir por donde habían empezado.



Nosotros, para no estar parados, seguimos un trozo más y descendimos por la pista hasta el río en el que, aposentados en unas rocas, nos dispusimos a esperarlos sin saber si conseguirían pasar. Al rato, para hacer algo, yo crucé el río y decidí acercarme en su busca pero el conato de senda se cortaba entre la maleza. Silbando fuerte para ver si me oían, al final escuché los sonidos del grupo acercándose y los vi asomar entre la espesura. Por suerte tuvieron mejor fortuna que parte del grupo de Simón cuando hicieron esta ruta en 2008 y de cuya crónica extraigo un fragmento:

“Sacamos las zapatillas de goma los que llevábamos, otros se descalzaron y sin zapatillas para dentro, creo recordar que hasta tres veces tuvimos que vadearlo metiéndonos en el agua (después del cruce del Pulpitillo, sólo se cruza el río una vez más).

Todos lo cruzamos a excepción de cuatro, que en cuanto tuvieron que descalzarse, optaron por hacer lo que nunca hay que hacer en la montaña, intentaron salvar el río subiendo al monte y no sólo no lo consiguieron, si no que cada vez se les complicó más, reconociendo posteriormente, que lo habían pasado francamente mal, no debiendo haberse marchado solos, por medio de la montaña.

Finalmente consiguieron enlazar con el sendero, y llegar todos juntos a los coches”.




Cuando llegaron al río, ya que llevaba las chanclas puestas, me ofrecí a pasar a caballito a las dos niñas y a quien quisiera, puesto que no ofrecía dificultad y sólo eran unos metros. Aparte de las niñas, sólo Carmen K quiso disfrutar del paseo a caballo.

Los últimos cisnes comenzaron a cruzar el lago...



y lo que debiera haber sido esto:

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se convirtió más bien en esto, jeje:

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A propósito de esta bonita pieza musical, mirad qué curioso y original lo que han hecho estas japonesitas:

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Una vez todos reunidos, decidimos almorzar en las piedras donde, durante media hora, se habían estado tostando al sol plácidamente los del grupo que había ido por el camino previsto. Al poco rato de reanudar la marcha por un frondoso sendero junto al río, había que tomar una senda a la derecha en ascenso que nos llevaría hacia el Pulpitillo pero que sin llegar, a media ladera y a la altura de un poste, debemos desviarnos hacia la izquierda para, en descenso, regresar al cauce del río, que hay que vadear por última vez. José Manuel , seguido por la mayoría del grupo, quiso probar a ir directamente por el río, pensando que quizás pudiera seguirse por el cauce y escatimar la subida del cerrillo, pero otra vez más el río se lo puso difícil y esta vez le negó la salida totalmente, por lo que tuvieron que volver hacia atrás y subir por donde marcaba el GPS.







El grupillo que había seguido el camino marcado, entre los que nos encontrábamos casi los mismos de la espera anterior, aguardamos bajo la sombra de un escaso pino una media hora larga hasta que llegaron todos otra vez.




Otra vez de nuevo todos juntos (parece el estribillo de una canción) caminamos un rato paralelos al río, hasta que llega un momento en que tenemos que tomar una senda en sentido ascendente por la izquierda, que nos lleva por una constante, interminable y durilla si hace calor, subida, que nos lconducirá hasta el enlace con el PRV 148, en cuyo cruce deberemos seguir rectos hasta llegar a las Casas de Tabarla, por donde pasamos anteriormente y donde comenzaba el círculo y seguir hasta los coches en el Pozico Valentín.




En el Pozico hay una fuente que tiene un agua bastante fría y que al inicio no le hicimos ni caso pero que ahora con el calor de la subida nos vino muy bien para refrescarnos.


Comentar que se hace dura la última subida y que no es recomendable acabar con ese sabor de boca una ruta preciosa. Hay varias alternativas. Toni proponía hacerla al revés para bajar esta cuesta en lugar de subirla, ya que la otra es algo más empinada pero más corta y Kiquet daba como posibilidad empezarla desde el Campamento de Tabarla. Son otras posibilidades.

Un saludo a todos y hasta la próxima.

Podéis descargar el track haciendo clic aquí: PABLOONCE.

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domingo, 23 de mayo de 2010

Chóvar - Nevera de Castro

"Una ruta tranquila"

Este fin de semana posterior a la Marató i Mitja no pude salir con el grupo ya que por fin tenía algo que pintar en casa, pero el domingo la family me había pedido que les organizara una ruta facilita, chula, sin mucho desnivel, corta, etc., y elegí hacer ésta que recorrimos hace tiempo guiados por Kiquet.
Es una ruta que está bien marcada con postes metálicos y que saliendo de Chóvar pasa por el embalse de Ajuez, las minas de Cinabrio, la Fuente Fresca, la Nevera de Castro, el Pico Nevera, otra mina y regreso. Es una subida continua, unas veces más y otras menos hasta llegar al punto más alto en la mitad de la ruta, el Pico Nevera y desde allí, la segunda mitad, es todo bajada.
Como tampoco quieren madrugar mucho, empezábamos a caminar a las 10. Menos mal que el día se portó muy bien y la temperatura era muy agradable, que si no hubiéramos pasado algo de calor y sólo nos podríamos haber dejado el sombrero puesto...

Para llegar hay que tomar la A-23 y seguir la salida de Soneja hasta Azuébar y Chóvar. Poco antes de meterse en el pueblo, se toma una calle a la derecha, es la Calle Nueva, y a la derecha se encuentra el aparcamiento, al lado de un cementerio. Tiene una zona recreativa, el aparcamiento, no el cementerio, con algunas mesas, un parque infantil y una fuente.
Tras dejar los coches, nos dispusimos a seguir las marcas de los mojones metálicos, que nos sacan del pueblo y pasamos por un camino al lado del embalse de Ajuez, utilizado para recoger las aguas de lluvia.

Continuamos por senda pasando por unas grandes pedreras.



La vegetación está compuesta, aparte de algunos pinos, sobre todo por alcornoques y en este mes de mayo se encuentra todo exuberante.




En nuestro continuo ascenso vamos acercándonos a las impresionantes moles de rodeno y llegamos a la Fuente Fresca, un lugar plagado de frondosos y gigantescos helechos donde se encuentra un caño del que mana un agua... fresca, doy fe, como dice su nombre, que por algo se lo han puesto.






Seguimos el leve ascenso y llegamos a un desvío. Hay que bajar a la izquierda para ver la mina de Cinabrio abandonada. De este mineral s e obtiene el mercurio. La antigua mina se encuentra tapada por unas maderas para impedir su acceso y en el exterior se pueden ver los raíles por los que iban las vagonetas con el material, de las que queda una como muestra.



Continuamos y llegamos a otro desvío en que hay que tomar la izquierda para subir a la Nevera. Después habrá que bajar por el mismo sitio y continuar rectos. No recordaba yo esta subida. Está cementada y, no siendo muy larga, e s de una pendiente tal que te quedas clavado, pero con paciencia llegamos arriba.
Hacemos un par de sube y bajas y hay que estar atentos a un desvío de una senda que sale a nuestra izquierda y que en bajada nos conduce en unos cien metros a la Nevera de Castro. Está restaurada y es una de las que mejor se conservan. Hay que echarle imaginación para hacerse a la idea de que estas enormes fosas recubiertas de piedra y con techado eran utilizadas para tirar la nieve dentro, ir prensándola hasta que se convertía en un enorme bloque de hielo que después iban cortándolo y sirviéndolo a las poblaciones vecinas transportado a lomos de las mulas ¡Tan cómodo como es ahora abrir el frigorífico!
Almorzamos aquí, en el techo de la Nevera, con las vistas del Castillo de Castro al fondo.




Después hay que subir los cien metros que hemos bajado y al volver a la pista continuar por la izquierda para llegar al Pico Nevera. Volver por nuestros pasos y desde ahora ya todo en bajada. Llegar al desvío de la pista y tomar la izquierda, veremos en la ladera de enfrente unas construcciones abandonadas. Al rato la pista nos llevará por allí y hay que estar pendiente de una pequeña senda que surge a la izquierda en ascenso si se quiere visitar otra mina de cinabrio y las destruidas construcciones donde se trataba el material. De la gruta sale un aire muy fresco. Ésta no se encontraba tapada pero todo el suelo estaba lleno de agua.



Regresamos a la pista que nos conducirá al embalse de Ajuez pero por la parte de la presa. Se puede bordear por el camino, pero nosotros cruzamos por el borde de la misma, que no nos ofrecía peligro, llegamos al camino y continuándolo, hasta el aparcamiento.




Como nos habíamos traído nuestras “Neveras” con la comida, nos dispusimos a comer a la sombra de una de las mesas de allí mismo. Y una vez descansados y repuestos con las viandas, iniciamos el regreso a casa.
Una bonita excursión que se puede hacer en familia. El paisaje ya por sí sólo es precioso y como se va ganando altura, las vistas panorámicas son un regalo para las retinas y para las cámaras, pero además cuenta con los puntos que hemos visitado que adornan más todavía la ruta.
No os pongo el track porque es el mismo que realizamos en la otra ocasión y que podéis descargar haciendo clic aquí: PABLOONCE
Un saludo y hasta la próxima.

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