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lunes, 6 de mayo de 2013

0107 - Vértices Geodésicos C.V.: Mina (1053 m) / A+ 836 m / 15,45 km

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"Cada día despierto en distinta ubicación,
donde doy con mis huesos cuando está naciendo el Sol.
Dormimos poco y mal, quemando la salud,
para llegar al quinto infierno, 
donde andaré de nuevo,
¿qué estarás haciendo tu?"




Este “domingo” la ruta propuesta era subir al Vértice Geodésico nº 107 en altura de la Comunidad Valenciana, Mina, con 1053 m de altitud,  situado en el Término Municipal de La Romana, Alicante.
En esta ocasión haríamos una ruta por la Serra de l’Algayat, la cual recorreríamos toda por la cresta en un trayecto de ida y vuelta. Ésta Sierra, junto con la del Reclot, que haremos próximamente, son las que están más al Sur de la Comunidad Valenciana de las que tocaremos con los vértices de Más de Mil.

Para llegar al punto de inicio nos dirigiríamos hacia la pedanía de La Canalosa. Iniciaríamos la ruta hacia el Norte acercándonos a la falda de la Sierra caminando por el único tramo de pista que encontraríamos en la ruta. Enseguida tomaríamos una estrecha senda que sigue el recorrido del PRCV- 281, que nos llevaría hasta el vértice Mina (1053 m) (km 5.5).

A continuación seguiríamos cresteando la Serra de l’Algayat hasta llegar a su otra elevación importante situada en la parte occidental, la Penya Grosa (1087 m) (km 9). Desde ahí volveríamos otra vez por el filo de la sierra pasando de nuevo por el vértice Mina y bajando por el sendero 281 hasta los coches. 

Aunque no nos gusta demasiado hacer rutas lineales, en este caso las alternativas eran demasiado costosas en distancia y desnivel y así creo que ya nos saldría una ruta entretenida y divertida.

Aquí podéis ver el vídeo de la Simulación de Vuelo sobre el track que he preparado para que os hagáis una idea fiel del recorrido:






A la cita acudieron Mari y Jose, Ana y un servidor. Llegamos al destino un poco antes de lo previsto y a las 7:15 horas ya estábamos caminando. Habíamos dejado el coche en la puerta de un chalet de las últimas casas de la pequeña población de La Canalosa, en Alicante y comenzamos siguiendo el PRCV-281, que nos llevaría hasta el vértice de la Penya de la Mina.



Aquí tenemos la Sierra d l'Algayat, que recorreríamos de derecha a izquierda:

 

La mañana era perfecta y, ahora sí, adecuada a la época en la que estamos, con el agradable frescor mañanero de una estupenda mañana de primavera y el día claro y sin viento.
El sendero comienza combinando unas pistas que enseguida nos llevan a la falda de la Serra de l’Algayat, donde se convierte en una fina senda que ya no nos abandonaría hasta el final.


 

La senda es una maravilla, muy bien indicada con sus marcas de PR y que poco a poco nos va haciendo ganar altura. En principio nos alejaba del vértice dirigiéndonos hacia la derecha para salvar la cabecera del Barranco de la Cava, lo que nos permitiría coger la Sierra desde el inicio y así poder recorrerla toda por arriba.





Abajo se apreciaba la población de  La Canalosa, que se iba quedando pequeña.
 





Tras este duro invierno las plantas comienzan a mostrar toda su renovada fuerza y flores de todos los colores asomaban detrás de cada piedra. Hasta los espartos estaban cargados de plumeros de nueva temporada y parecían aterciopelados al tacto.

 

Al ir caminando por la línea divisoria teníamos la visión privilegiada de ambas vertientes y podíamos ver a nuestra derecha la Sierra del Reclot, donde se encuentra el vértice del Algarejo, al que subiremos proximamente. 

Cuando planteé esta ruta, en principio manejé la posibilidad de enlazar en la misma los dos vértices y así no tener que desplazarnos otra vez hasta aquí, pero cuando empecé a trabajarla me di cuenta de que la ruta perdía atractivo al tener que atravesar todo el valle, además de tener que encarar el Algarejo por esta vertiente, mucho más difícil y a la trocha, cuando por la parte de la umbría hay un sendero utilizable. 

Al final pensé que unir estos vértices era desperdiciar una ruta, ya que se podían hacer dos  rutas que estuvieran bien por sí mismas y hay que tener en cuenta que los vértices, para nosotros, no son el fin en sí mismos, sino la excusa para hacer una ruta distinta cada semana.


 


Cuando llegamos al cordal ya apareció ante nosotros la preciosa mole de rocas que componen la Penya de la Mina con el vértice allá arriba y  veíamos la empinada senda que discurría bajo las rocas que tendríamos que superar para conquistarlo.
 
 
            

           
 
  
 

Llegamos a la senda de subida, que en la realidad estaba tan empinada como lo parecía desde lejos y disfrutamos de la sensación de sentirnos pequeños ante la enorme pared rocosa.
    







Llegamos al vértice y decidimos almorzar allí mismo. Había muchas rocas en las que aposentarse, todas con unas vistas estupendas. Elegimos una zona que nos permitía muy buenas panorámicas y nos pusimos a reponer fuerzas. Estando allí llegaron dos senderistas de la zona que habían subido por el mismo sitio y, hablando con ellos, les dijimos que nosotros ahora iríamos por la cresta hasta la Penya Grossa, pero nos comentaron que ellos subían aquí de vez en cuando pero nunca se habían planteado ir hasta allí, sino que almorzaban y bajaban  de nuevo. Quizás, si leen esto, la próxima vez lo intenten... ¡o no!

 
 

 
 

La atalaya donde nos encontrábamos era también un formidable observatorio para ver los aviones que salían desde el aeropuerto de El Altet en Alicante, con una frecuencia asombrosa, muy “parecida” a la del de Castellón, ya que cada dos o tres minutos pasaba un avión por encima de nosotros, siempre haciendo el mismo giro, por lo que me permitió fotografiar la panza de algunos de los que pasaron.

 

 

Echando un vistazo a lo mucho que nos quedaba por delante, Jose tenía sus dudas de cómo afrontaríamos algunos de los pasos que se veían, pero yo andaba más confiado pues sabía que había una fina senda que pasaba por toda la cresta y no creía que hubiera problemas.



 

El recorrido por el cordal es muy entretenido, con continuas subidas por rocas y pequeños destrepes. La senda es siempre perceptible y hay fitas que ayudan en los momentos de duda y la visión de estar a caballo de la sierra con amplia visión a los dos lados, no se paga con dinero aunque, como salió en una conversación durante la ruta, se paga con esfuerzo. Es el precio que se cobra la montaña para que podamos disfrutar de esas sensaciones.




 


 
 


 


 



Aunque parecía que no llegábamos nunca, fuimos dejando atrás las últimas elevaciones. En una pared de una de ellas había una gran “cova” ¿o un forat?, en cuyas paredes interiores parecía imaginarse un rostro de un monstruo rocoso con cara de pocos amigos.
 

 


 
 

Llegamos a la Penya Grossa (1087 m) y nos hicimos una foto de grupo para celebrarlo. Podíamos ver en frente nuestro, cuando acababa la Sierra del Reclot, la enorme cantera de mármol, de las que hay varias en la zona y con el zoom acercamos el detalle de los cortes en la piedra.




 

Nos había costado 4 horas llegar hasta aquí y eran las 12 del mediodía. Estuvimos deliberando un poco y vimos que volver por la cresta nos haría terminar bastante tarde, además del esfuerzo que suponía volver a hacer ese recorrido, por lo que pensamos en improvisar una alternativa, aunque no estaba fácil. 

Habíamos pasado por un collado un poco antes y decidimos que cuando llegáramos a él veríamos cómo estaba la posibilidad de bajar por allí y enlazar con las pistas de abajo que iban paralelas a la falda de la sierra y que, en un recorrido mucho más cómodo, nos devolverían a los coches.

  





Llegamos a un primer punto posible pero por allí no lo vimos claro. Se apreciaban a mitad de recorrido unos frailecillos que no sabíamos si nos darían la bendición al pasar por ellos o que indicaban que allí comenzaba el infierno, porque parecía que había más abajo un cortado imposible de superar.

En el siguiente collado, aunque la pendiente era fuerte, vimos que había rastros de animales que, a modo de senda, podíamos seguir, con el único inconveniente de tener cuidado de no resbalar. Yo me fui adelantando para cerciorarme de que se iba pudiendo progresar y, aunque hacía paradas, perdía de vista al resto del grupo, que se tomaban la bajada con más precauciones. Decidí entonces ir dejando fitas en los puntos en los que me desviaba y continuar hasta abajo.
      





De vez en cuando los captaba con el zoom de la cámara y desde abajo hice señales a Jose de que yo había llegado al final y allí comenzaba ya una pista.
 


 

La visión desde debajo de la fenomenal y empinada bajada era impresionante y cuando llegaron abajo les hice una foto para celebrar que lo habíamos conseguido, con la vista del cinglo recorrido detrás de ellos. Nos acordamos de Manuel Carlos, a quien de seguro le hubiera encantado esta fuerte bajadita.


 

Desde aquí, ya en terreno cómodo, a sugerencia de Jose, acortamos unas lazadas de la pista por unos campos y prácticamente en línea recta nos fuimos acercando a los coches mientras conversábamos y contemplábamos a nuestra izquierda toda la longitud de la sierra que habíamos recorrido por su parte superior, llegando a los coches a las 15 horas.


 


 A continuación nos montamos en el coche y nos dirigimos a la cercana población de Hondón de las Nieves, ya en el camino de vuelta, donde yo tenía localizada la ubicación de la Ermita de San Isidro, donde se podía subir con el vehículo y allí mismo desplegamos la mesa y nos pusimos a comer, con unas muy merecidas frescas cervecitas.

A los postres, Mari sacó unos pastelitos para celebrar el día de la madre y Ana había hecho flanes de huevo con coco, que sirvieron para poner un dulce broche final a esta aventura.





Una ruta muy gratificante. La senda por la que discurre el PRCV-281 es una maravilla en todo su recorrido, desde que se convierte en senda hasta que llega al Vértice Mina. Bien marcada y sin ninguna complicación. Las vistas desde la cumbre espectaculares en todas direcciones. La cresta muy entretenida, sencilla y sin pérdidas. Exigente en el esfuerzo, como todas las crestas. Y la bajada improvisada ¡ojo!: fuerte, técnica, con mucha inclinación y donde hay que tomar las precauciones debidas para no resbalar, pero a su vez, posible, limpia y disfrutona.





Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track de la ruta pulsando aquí: PABLOONCE

1 comentario:

  1. Sin duda una ruta muy entretenida, crestear es lo que tiene... bien hecho la bajada por la pendiente, seguro que me habría divertido.
    nos vemos.

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