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sábado, 26 de abril de 2014

0361 - Vértices Geodésicos C.V.: Picayo (373 m) y Peñas de Guaita / A+ 757 m / 15,88 km

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La ruta propuesta para este sábado era subir al Vértice Geodésico nº 361 en altura de la Comunidad Valenciana, Picayo, con 373 m de altitud, situado en el Término Municipal de Sagunto, Valencia y que constituye el primer estribo montañoso de la Sierra Calderona.




Para llegar al punto de inicio seguiríamos la A-7 hacia Sagunto y en la salida 311 (Rafaelbuñol/Puig/Puzol) nos saldríamos. Haríamos la rotonda y seguiríamos la carretera que va hacia Campo Aníbal y Urbanización Alfinach.



Seguiríamos rectos hasta un cruce donde hay una señal de la Urbanización, que hay que girar a la izquierda. Al llegar a la Urbanización y tras pasar la caseta de vigilancia, en la primera calle giraríamos hacia la derecha hasta una explanada donde acaba la calle. Allí aparcaríamos los coches.



Comenzaríamos subiendo por el lateral de la Urbanización y nos desviaríamos por la derecha para seguir una senda por el Barranco Grande que nos abocaría en la pista. Nos desviaríamos por la derecha para subir al vértice del Monte Picayo y tras visitarlo volveríamos sobre nuestros pasos al cruce de pistas, desde el que nos dirigiríamos a las Penyas de Guaita y haríamos una trepadita.


Seguiríamos por arriba cerca del borde de las rocas hasta desviarnos después a la izquierda para bajar al Barranc de Balau.


Tras rozar la Urb. Santo Espíritu subiríamos por el cortafuegos, bajaríamos de las Peñas de Guaita y, por la senda del Barranc del Llop volveríamos a los coches.


Aquí podéis ver el vídeo de la Simulación de Vuelo sobre el track para que os hagáis una idea fiel del recorrido:


 



A la cita acudieron Mari, Pili, Ana, Jose, Manuel Carlos y un servidor.

En esta ocasión, al encontrarnos tan cerca de Valencia, comenzamos la ruta con el frescor de la mañana y a las 7:20 horas ya estábamos en el punto de inicio saboreando unas cocas que trajeron Mari y Jose y preparando fuerzas con su vino de nueces.


 Nada más comenzar ya veíamos a nuestra derecha las antenas del Monte Picayo, próximo objetivo.




 Para variar nos salimos del guión y en lugar de seguir la pista (de las que no somos amigos) nos desviamos por la derecha y cuando acababan los campos de naranjos, cruzamos una portera electrificada en la que hay un cartel indicando que hay caballos sueltos, de los que no vimos ninguno. Continuamos por una senda que recorría el Barranco Grande, por la que subimos a media ladera. La senda se ve transitada por ovejas, ya que hay bastantes enganchones de lana en las ramas laterales. Por momentos la senda parece que se pierda, pero si se insiste, al poco vuelve a aparecer.



Nos llamó la atención la increíble proliferación de chumberas que cubrían toda la ladera superior.






Al fondo puede verse la pista, que es la alternativa usada normalmente por la gente que hace esta ruta. Desde luego, a nosotros nos pareció más atractivo el paso por la senda.


Finalmente bajamos a encontrarnos con la pista y tras un tramo de pista cementada llegamos al Collado Claro de Luna, donde se cruzan varias pistas.




Una mirada hacia arriba y a la izquierda nos permitía ya ir viendo las Peñas de Guaita.


Desde el Collado Claro de Luna las vistas son estupendas y nos permitieron ver el mar por primera vez en esta ruta con sus reflejos dorados.



Desde aquí se observaba en totalidad las Peñas de Guaita y el lugar donde se produce una pequeña depresión en las rocas, que es por donde subiríamos más tarde.







Para subir al Monte Picayo tenía previsto utilizar una sendita que nace desde el mismo Collado, pero la inercia y la rapidez nos hizo tomar la pista, por la que llegamos primero a las antenas y continuamos hasta la cruz, un poco más allá, que es donde se encuentra el vértice.




 En el día tan claro que nos había salido era una gozada admirar las vistas que se nos ofrecían desde allí. Aquí os dejo una muestra.




 


 

Comenzamos a descender pero, ahora sí, estuvimos pendientes y utilizamos la senda. Para ello hay que estar pendientes y tomar una pista que sale por la izquierda según bajamos. La pista enseguida se convierte en estrecha pista. Nos encontramos con unas colmenas de abejas situadas en la misma pista, pero había un caminillo para bordearlas por la derecha.




En esta imagen se podía apreciar claramente al fondo  y destacando, la silueta de la Mola de Segart, que acercamos con el zoom.






Llegamos al Collado y comenzamos el ascenso a las Peñas, que teníamos enfrente. En este tramo coincidiríamos con el trazado del GR-10 que viene desde Puzol.





Llegamos a la base de la trepadita. Es una trepada fácil y con muchos agarres.






Una vez arriba, nosotros continuamos por la derecha, siguiendo una senda que va cerca del borde de las Peñas.




Buscamos un buen lugar para almorzar, con muy buenas vistas, teniendo el Monte Picayo y el mar enfrente.




Tras el almuerzo continuamos por nuestra senda.



Allá a lo lejos y un poco a la derecha podía verse el Monasterio de Santo Espíritu, al que no llegaríamos en esta ocasión para no alargar la ruta.


 
Nos desviamos por otra senda aún más estrecha para dirigirnos al Baranco de Balau. En un momento nos encontramos con otro grupo de colmenas en medio del camino. Vamos a ver ¿tanto cuesta poner las colmenas en una explanadita que se habilite pero fuera de los caminos? Ya son muchos los lugares en que encontramos colmenas en medio de los caminos y hay veces en las que es fácil bordearlas y otras no tanto. Esta vez todo estaba más tupido y elegimos bordearlas por la izquierda. Nos íbamos haciendo paso entre los jóvenes pinos y justo cuando yo había pasado uno de ellos, Pili, que iba detrás de mí me dijo que mirara hacia atrás. Justo en el pino que acababa de pasar había un grupo enorme de abejas formando una bola, seguramente protegiendo a una reina ¡¡La leche!! Menos mal que no se mosquearon y no ocurrió nada, porque tres de nosotros pasamos a un metro de ellas y el resto, ya avisados, pasaron un poco más lejos.

Más tarde, hubo un momento en que abandonamos el track que tenía trazado en el GPS, que bajaba más directo, para seguir otra senda un poco más evidente al principio y que nos bajaba más lateralmente. Esta senda parecía que se perdía un poco en ocasiones, ya que está muy poco pisada, pero iba continuando hasta enlazar con otra más clara que nos dejó en la pista del lecho del Barranco.



Llegamos a la Urbanización Sancti Spíritu y en la primera ocasión que pudimos nos desviamos a la izquierda.


Después teníamos que cruzar el final (más bien principio) del Barranco Balau y tuvimos que volver unos metros atrás para poder hacerlo. Creo que aún se podía haber encarado su bajada un poco antes, pero todo es intentarlo. Tras recorrer un tramo nos salimos de él por la izquierda, a la altura de un pino que tenía unas franjas rojas de pintura y salimos ya al otro lado.


Continuamos un tramo por una calle asfaltada y al final de ella había a nuestra derecha un grupo grande de adosados que no pegaban en nada con los chalets del entorno. Al final de la calle cogimos la carreterilla que salía por la izquierda en fuerte ascenso. En algunos tramos está tan empinada que pareciera que Indurain hubiera entrenado por allí e incluso algunos acompañantes de alguna vuelta ciclista iban dejando mensajes en el asfalto. En una de las cuestas especialmente empinadas escribieron el siguiente mensaje, totalmente indicativo de la situación.


Más adelante el asfalto acababa y seguimos a tramos por pista y otros por senda.





Llegamos al inicio del largo cortafuegos. Existe una senda que va por el borde izquierdo y la pendiente, ¿cómo no? también es bastante empinada.




Un vistazo atrás nos hizo ver de nuevo la silueta de la gran Mola de Segart y su vértice en lo alto. Parecía sacada de las películas del Oeste americano.






Volvimos a coincidir con el GR-10 y poco a poco íbamos atravesando la distancia que nos llevaba, más o menos en línea recta al lugar de las Peñas de Guaita de nuevo, por donde tendríamos que destrepar.








Durante el ascenso aún vimos una cueva de ancha entrada a nuestra derecha, de la que desconocemos el nombre, si es que lo tiene.















Llegamos al punto de destrepe y nos esperamos para reagrupar, comenzando el descenso a continuación.










Una vez hubimos descendido todos vimos algunos grupos de escaladores  que frecuentan estas paredes para su actividad.


Llegamos de nuevo al Collado Claro de Luna y, para volver a los coches, elegimos hacerlo por la pista que tiene la indicación del Santuario de la Milagrosa. También se puede bajar por la senda por donde lo hace el GR-10, ya que desde aquí continua hasta Puzol.


En el Aljibe de los Cipreses coincidió nuestra pista con el trazado del GR-10 y un poco más adelante abandonamos la pista ambos y cogimos una senda en descenso por la derecha que nos llevaría a través del bonito y frondoso Barranc del Llop.














Una maravilla de barranco y eso que este año no ha llovido nada en el Este de la Península y está todo muy seco.





La senda nos dejó en una pista que enseguida nos llevó a la explanada donde teníamos los coches y nos despedimos de esta ruta, que sobre el papel parecía más sencilla de lo que en realidad es, ya que tal como la hemos planteado tiene algunas subidas bastante exigentes. Tuvimos mucha suerte con el día, que nos salió fantástico y que nos permitió admirar las buenas vistas de la zona. Una ruta variadita y que nos ha dejado buenas sensaciones.






Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track de la ruta pulsando aquí: PABLOONCE


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