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sábado, 20 de octubre de 2012

0083 - Vértices geodésicos C.V.: Bicuerca (1118 m) / A+ 436 m / 15,62 km

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"Todas las rutas tienen su aquél"








Este sábado, como teníamos muchas probabilidades de mojarnos, cambié la ruta del Bernia por otra más sencilla y cercana, ya que aquélla se merece hacerla con buen tiempo para disfrutarla bien. 

 La ruta propuesta era subir al Vértice Geodésico nº 83 en altura de la Comunidad Valenciana, Bicuerca, con 1118 m de altitud,  situado en el Término Municipal de Fuenterrobles, Valencia.

La Sierra de la Bicuerca está orientada en dirección Norte-Sur y tiene la peculiaridad de que la parte Este está poblada por pinos y es más fresca, mientras que la parte occidental es más seca y despoblada. Con esta ruta íbamos a recorrer la Sierra prácticamente  en toda su longitud pero centrándonos en la vertiente más frondosa.
Haríamos la ruta en el sentido de las agujas del reloj. Aparcaríamos en un cruce del Camino de Utiel con otra pista y nos dirigiríamos en primer lugar al Collado de la Peladica para después seguir por senda hasta la Torre del Telégrafo. Seguiríamos después hasta el Vértice Bicuerca y desde allí hacia el final de la sierra. Giraríamos a la derecha y comenzaríamos el regreso entre sendas y pistas, pasando por el Manantial del Cara Ciezo y la Fuente de la Bicuerca, llegando más tarde de nuevo al Collado de la Peladica y, por una senda diferente, regresar a los coches.

Aquí podéis ver el vídeo de la Simulación de Vuelo en 3D sobre el track previsto que preparé, para que os hagáis una idea fiel del recorrido:



Como hacía más de dos años que no nos llovía en ruta decidimos ir de todas formas, ya que las sensaciones y los aromas del monte mojado son diferentes y si, cada vez que lloviera, nos tuviéramos que quedar a cubierto, entonces senderistas gallegos como nuestro amigo Toni Ibáñez no saldrían de casa. Además, si la cosa se ponía muy fea, pues abortábamos, nos tomábamos una cerveza en un bar y a casita.

Después de todas las previsiones catastrofistas de AEMET, todo se quedó en una lluvia ligera que acabó convirtiéndose en un chirimiri hasta que paró del todo cuando estábamos acabando.

A la cita acudieron Herme, Manuel Carlos y un servidor. LLegamos al punto de inicio a las 7:45 y aquello todavía parecía noche cerrada, así que decidimos esperar un poco en el coche hasta que comenzara a amanecer, pero a los 5 minutos ya nos entró el desespero y comenzamos a caminar, en principio por una pista hasta encontrar nuestro desvío por la derecha al cruzarnos con la Cañada Real.



La niebla persistente y el sonido de las gotas de lluvia hacían que camináramos a ratos en silencio para disfrutar del momento, mientras de vez en cuando algún conejo se cruzaba en nuestro camino.


Subimos por una senda hasta el Collado de la Peladica y llegamos a un cruce, viendo por dónde volveríamos después. Cogimos el de nuestra izquierda y al rato llegamos a la Torre del Telégrafo que, debido a la niebla, apareció ante nosotros casi sin enterarnos.

Os dejo aquí un extracto de un poco de historia de estas curiosas torres de Telegrafía óptica que, con unos códigos más sofisticados y con más funciones, asemejan a las torres de vigilancia costera ordenadas construir por Carlos I para controlar la llegada de piratas berberiscos que asolaban la franja mediterránea. Podéis ver una extensa y muy curiosa explicación de su existencia y funcionamiento en la página Torre del Telégrafo.


"A partir de 1840 se previeron tres líneas. La primera establecida fue la de Madrid a Irún y se componía de 52 torres. La segunda línea fue la de Cataluña por Valencia, pero solamente funcionó a pleno rendimiento entre Madrid y Valencia a través de 30 torres. La tercera línea construida fue la de Andalucía, con 59 torres. 

Pero a la vez que se instalaban líneas ópticas apareció la telegrafía eléctrica y ésta fue la causa de que la telegrafía óptica tuviera una vida muy corta. 

Las torres se concibieron como fortalezas debido a la época turbulenta en que se construyeron y a que se establecían fuera de los pueblos y en parajes solitarios. Eran de gruesos muros, por lo que muchas han aguantado más de 150 años a la intemperie, y concebidas con la puerta de entrada a unos dos metros del suelo, de tal modo que el acceso al interior se hacía por medio de una escalera que se echaba desde dentro. También disponían de aspilleras para facilitar su defensa.

Las torres, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, serían de 7 m de lado y 12 de alto y debían estar separadas unas de otras 2 leguas como mínimo y 3 como máximo. Una menor distancia suponía construir más torres, lo que implicaba mayor coste y una mayor distancia suponía una dificultad mayor para divisar la torre contigua, anterior o posterior, con los medios ópticos de aquella época. Constaban las torres de 3 plantas cubiertas, y sobre la cubierta superior, que era plana, se ubicaba el telégrafo. Desde la tercera planta se manipulaban los controles del telégrafo situado encima. 

Se construían esencialmente de mampostería y ladrillo, y a veces estaban encaladas o enfoscadas y pintadas de ocre. Todas las torres son prácticamente idénticas, aunque se pueden apreciar diferencias en las técnicas de construcción en las que aún quedan en pie, dependiendo de la disponibilidad o no de los distintos materiales en la zona en que se construyeron, o al criterio de los encargados de construir el edificio. Disponían de un patio o cerca hecha de piedra desde el que se accedía por la escalera que descolgaban desde el interior de la torre".





Tras la visita a la curiosa torre continuamos nuestro avance, intentando divisar la población de Fuenterrobles que se encontraba cubierta por un denso manto de niebla. Llegamos a un camino asfaltado, que cruzamos siguiendo las marcas del PRCV-406, encontrándonos con una extraña escultura que tenía por nombre "Totem de piedras al aire".




Seguimos nuestro camino hasta que lo abandonamos por la izquierda para subir hacia el vértice sin senda clara, siguiendo retazos probables. Afortunadamente el monte en esta zona no es denso  y se deja subir sin problemas. Después de relizada la ruta, creo que siguiendo el camino que llevábamos, la senda después va girando a izquierdas y nos subiría a la cresta, por donde parece apreciarse la continuidad de la senda.

Llegamos a la parte superior, que era una masa boscosa de pinos y como el vértice no se veía por ningún sitio, nos dividimos un poco para buscarlo y fue Herme quien lo encontró. De ahí su cara de felicidad tomando posesión de él al más puro estilo Gene Kelly.




Tras ciertas dificultades para hacer la foto de grupo debido a la fina lluvia que caía, continuamos para buscar nuestra siguiente senda. A partir del vértice vimos varias muy bonitas de pisar, que serían motivo de otra visita y de las que recorrimos algún tramo para ver si enlazábamos con la nuestra,   que circulaba más abajo y a la que llegamos enseguida.





La sucesión de sendas nos abocó a la pista y en un desvío a la izquierda vimos esta señal, de la que conocía su existencia por otro cronista, y que hacía pensar si continuar por ahí o no, a expensas de encontrarse con un pirado. Pensamos que si no quería vernos, que no nos mirase, y continuamos por ella. Enseguida pasamos al lado de una especie de chalet "fet a má", sin valla, y seguimos por la pista.


Como ya teníamos el vértice y lo que quedaba de seguir el track hasta que iniciara el regreso, era caminar entre pinos y ya nos sentíamos húmedos, decidimos recortar un poco el trayecto previsto. Veíamos de vez en cuando en este tramo unas señales blanquirojas que marcaban el "Camino de la Veracruz", otra aventura pendiente de investigar en el futuro.


Se nos pasaba la hora de almorzar y no veíamos ningún sitio a cubierto que pudiéramos utilizar. Al final improvisamos este tenderete sujetando los paraguas a las ramas de unos pinos, lo que nos permitió por fin acallar las protestas de nuestros estómagos.


Continuamos con nuestro recorte de regreso entre pistas y sendas, intentando caminar por las zonas menos embarradas. Aun, por inercia, como se ve en el mapa, nos fuimos un tramo por una senda preciosa, de la que nos dimos cuenta después que no nos llevaba bien y, con cierto pesar por tener que dejarla, tuvimos que volver para retomar nuestro camino, más corto.




Llegamos de nuevo, pero por otra dirección, al Collado de la Peladica y nos asomamos al mirador. El horizonte estaba muy limitado a causa de la niebla pero tirando de zoom, pudimos ver que las viñas del valle estaban en pleno cambio de color otoñal.




Cuando ya estábamos practicamente finalizando, salió a nuestro encuentro una de las viñas con todo su esplendor de colores, que resultaban más vivos aún al estar las hojas lavadas y bañadas por la lluvia. Allí tomé estas coloridas instantáneas y nos deleitamos, como siempre, con lo que nos ofrecía la naturaleza. En esta ocasión, con unos deliciosos "cabrotets", que todavía pendían en abundancia de las vides.





Llegamos al coche, nos cambiamos y emprendimos el regreso. Una ruta que ha resultado variada y en la que la lluvia tampoco ha molestado tanto, al no hacer viento. Ha tenido el aliciente de la Torre del Telégrafo, de la que desconocíamos su historia, el vértice semioculto, la curiosa señal del que no quiere ver a nadie, la extraña escultura y los aromas del monte mojado. Nos ha sorprendido gratamente que, a pesar de que en el mapa se ve esta Sierra de la Bicuerca, como muy estrecha y poco atractiva, una vez ahí se puede comprobar que conserva una masa boscosa de pinos muy apetecible y una red de sendas para investigar muy atractivas.



Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track de la ruta pulsando aquí: PABLOONCE


2 comentarios:

  1. Trobe a faltar el ritual de llavar-se els peus, que no vau trobar aigua? :)

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    Respuestas
    1. En esta ruta el lavado de pies fue constante, jeje. Pensamos ir al lavadero de Fuenterrobles pero la pista estaba bastante embarrada para ir con el coche.

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