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sábado, 10 de septiembre de 2016

2016 - 09 - Río Cazuma, Pinturas Rupestres, Gola de Lucino, Charco de los Morteros / A+ 242 m / 14,42 km

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Se está convirtiendo en costumbre que las rutas que tienen posibilidad de baño que más nos gustan las repitamos cada verano. Este sábado, haríamos otra de ellas. Se trata de una de las rutas de Esteban Cuéllar, de su libro “Caminando por la Comunidad  Valenciana 4: Ramblas, Barrancos y Cañones”:  El Cañón del Río Cazuma, la Cueva de la Araña y la Gola de Lucino.



Para llegar al punto de inicio también se puede ir por Sumacarcer pero hay muchas curvas. Nosotros seguiríamos la A-7 hasta Rotglà i Corberà, donde nos saldríamos por la salida 396 para tomar la CV-590 que nos llevaría a Estubeny, Anna, Chella, Bolbaite, Navarrés, Quesa y Bicorp. Antes de llegar a Bicorp, veremos unos contenedores de basura a la derecha de la carretera protegidos con unas maderas y a la izquierda nace una carreterilla en dirección al río Cazuma. Seguiremos las indicaciones de La Cueva de la Araña y tras algunos desvíos, aparcaremos en uno de los ensanches de la pista.

Comenzaríamos siguiendo la pista, en esta ocasión por donde habríamos venido y enseguida cogeríamos una senda por la izquierda que nos bajaría al Río Cazuma. Seguiríamos progresando por su cauce hasta llegar al Azud de los Moros, donde quedan los restos de una acequia excavada en la roca.

En el cruce de pistas cogeríamos la de la izquierda para dirigirnos hacia las pinturas rupestres de la Cueva de la Araña. Allí intentaríamos localizar los elementos más representativos de este abrigo, ya que el paso del tiempo los ha ido difuminando.

Comenzaríamos el regreso en principio por el mismo sitio pero tras un corto tramo utilizaríamos una senda que sale por la izquierda en ascenso, la cual hace un ahorro de más de un kilómetro de recorrido y además nos evitaría un buen trozo de pista.

Por ella llegaríamos al nacimiento del río Cazuma y un poco más adelante visitaremos la Gola de Lucino, un cañón formado por la erosión producida por las aguas del río,  parecido al que forma el cañón del río Palancia cerca de la aldea de El Molinar.

Este será el punto más alejado del recorrido. Volveríamos hacia los coches siguiendo el cauce del río, unas veces por pista y otras por senda pasando por diversas pozas que suelen tener un agua cristalina y que invitan al baño. Imperdonable no bañarse en el Charco de los Morteros, imagen que ilustra este post. Llevad bañador y toalla. No hacen falta zapatillas de río porque se entra desde la roca lisa y no se pisa ni el suelo.
Volveríamos a pasar por el Azud de los Moros y continuaríamos seguidamente por la pista que acabaría devolviéndonos al lugar de los coches.

A la cita acudieron Pili, Ana, Nolo, Manuel Carlos y un servidor.
Aparcamos justo antes de la senda que baja al río. Hay allí un par de ensanches de la pista donde se pueden aparcar dos coches en cada uno.
Por esa pista bajamos hasta el cauce del río, seco en este punto y caminamos a través de él siguiendo los trazos de senda y huellas de paso.




Enseguida nos encontramos con pequeños obstáculos que no hacen sino amenizar el trayecto y resultan divertidos, así como el ir caminando de piedra en piedra buscando los mejores pasos. Ninguno ofece dificultad en seco. En mojado habría que buscar pasarlos por los lados.









Conforme nos íbamos acercando a la confluencia con la pista fuimos encontrando más tramos con agua.




Otro paso interesante.











Llegamos a la pista en el lugar conocido como Azud de los Moros y en el que todavía se puede ver una pequeña acequia esculpida en la roca.


En este punto es donde ya se puede encontrar agua, sin que desaparezca siguiendo su curso hasta su nacimiento y siempre que venimos nos acercamos a ver esta charca y cómo progresa en su crecimiento un gran pez que destaca entre los demás por su tamaño y que nosotros llamamos "tiburón".



Caminamos ahora por la pista siguiendo las indicaciones de los postes hacia la Cueva de la Araña.




Admirábamos de paso el gran pulmón verde que se conserva aquí hasta que a algún pirado se le ocurra privarnos de él o a que a algún labrador con costumbres "piradas" antiguas se le ocurra ponerse a quemar rastrojos. No, señores, está demostrado que ya no se pueden quemar rastrojos y que son una de las mayores causas, entre otras, de los incendios forestales. En estos montes tan sensibles a quemarse no hay que encender fuego de ninguna clase ¡¡NUNCA!! Habrá que buscar otros métodos. El: "Tranquila que yo controlo" no vale. Es algo que una vez u otra acaba fallando.




Llegamos a un lugar donde la pista hace como una plazoleta. El GR continúa por la derecha pero nosotros iríamos recto, a leer esos carteles y seguir por la pista donde están esas piedras para que no pasen los vehículos.





Enseguida veríamos una senda que en lazadas nos bajaría al entorno donde se encuentran  los abrigos de la Cueva de la Araña. Donde más pinturas pueden verse es en el segundo de ellos (el tercero no tiene pinturas y por lo tanto tampoco tiene rejas protectoras.



En él se pueden ver todavía muchas figuras, que hacen a este enclave uno de los más importantes puntos de observación de pinturas rupestres.




Aquí tenéis acercada con el zoom la famosa escena de la representación de la recogida de la miel. En este caso, por capricho de la naturaleza, el agujero figuraría ser el panal y la mujer está asida a unas cuerdas para acceder a él y lleva en la mano retrasada un objeto para ir recogiendo la miel.



Como siempre que venimos, almorzamos en ese lugar a la sombra y cuando conseguimos levantarnos de disfrutar de ese entorno tan verde y silencioso (y de las viandas) continuamos con nuestra ruta.


Salimos a la pista volviendo un poco por donde habíamos venido y cogimos la senda por la izquierda. Una maravillosa y frondosa línea que nos iría bajando hasta el cauce, aquí ya con agua, del río Cazuma.







La senda nos abocaría a la parte superior del Charco de las Máquinas, donde ya apetece pegarse un baño en esas aguas tan transparentes, pero aún lo dejaríamos para después.



Subimos hasta esa caseta donde se encuentra la pista y continuamos por ella.





Continuamos hasta que la pista se convierte en senda y se ve a la izquierda una caseta de obra que es donde nace el río y donde recogen agua para abastecimiento de la población. Por la derecha comenzaríamos a adentrarnos a través del cauce en el cañón que hace el río. Aquí hay marcas de PR que orientan en el recorrido indicando por dónde pasar más cómodamente.




Una gran telaraña en nuestro recorrido.



Llegamos ya a la entrada al cañón y desde el comienzo es espectacular. Las paredes verticales se van estrechando y hay que hacer alguna pequeña trepada en algunas ocasiones.










Y llegamos al final de la garganta, subiendo hasta donde es accesible. Se puede ver el sitio por donde en época de lluvia debe ser espectacular ver caer el chorro de agua desde allí. La lástima es que justo cuando eso esté en acción no se podrá estar aquí para verlo por lo peligroso que resultaría.




Una pasada, como siempre.


Tras las fotos emprendimos el regreso por el mismo sitio.







Llegamos a la pista y continuamos por ella.


Hay que hacer un pequeño vadeo en equilibrio por un estrecho tronco, que no resulta problemático ayudándose con los bastones...



...o de algún compañero.



Continuaríamos por la frondosa pista y un poco más allá y cuando hay a la otra parte del cauce una casa en la ladera, veríamos un poste que indica que hay que meterse por la izquierda por una sendita y que nos llevaría paralelos al río hasta llegar al Charco de los Morteros, nuestro siguiente destino.






Aquí lo tenemos, el charco deseado para admirarlo y para disfrutar de un baño en sus aguas transparentes ¿No apetece, no es una maravilla?

Sólo hay que tener cuidado al meterse en no pisar de pie la roca que recubre el agua pues el musguillo ese de color naranja resbala como si fuese jabón y nos podríamos pegar un buen costalazo. Vale la pena agacharse y entrar despacio.



La presencia de los peces dan fe de la buena calidad del agua. En esta ocasión había dos de un tamaño bastante grande que no habíamos visto otros años.






Tras el maravilloso baño continuamos por la senda que nos llevaría de nuevo al Azud de los Moros y desde allí ya continuamos por la pista hasta los coches.














Nota: En el transcurso del cauce del río desde el inicio hasta las Pinturas rupestres recibimos bastantes picadas de mosquito en las piernas, especialmente en los gemelos, por lo que sería recomendable llevar pantalón largo. En los anteriores años esto no había sucedido.

Un saludo y hasta la próxima.
Podéis descargar el track de la ruta pulsando aquí: PABLOONCE

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