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sábado, 4 de junio de 2011

04-GR7- 4ª etapa Comunidad Valenciana: Benasal - Sant Joan de Penyagolosa (o viceversa)

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"Una buena mañana"



Esta semana tocaba acompañar a Kiquet en la cuarta etapa de su recorrido por el GR-7 a su paso por la Comunidad Valenciana. Íbamos a ir desde Benasal a Sant Joan de Penyagolosa o viceversa.

A la cita acudieron: Kiquet, Carmen_ K, Mari y Jose, PacoJavi y un servidor.

En esta ocasión también volvimos a hacer el cambio de coches al que nos estamos acostumbrando en las rutas lineales. Kiquet y Carmen fueron con el coche de Jose hasta el inicio de su ruta, a Benasal, y nosotros fuimos con el de Kiquet al Santuario de Sant Joan para empezar desde allí. Esta vez al grupo de Kiquet le tocó el sentido más duro, ya que ellos harían 1300 m de desnivel positivo y 900 negativo y nosotros al revés.

Las previsiones meteorológicas eran de todo tipo, como siempre. Unas que si llovería toda la mañana desde las 9 y otras, a las que teníamos más fé, que chispearía levemente sobre las 13 horas. De todas formas, ante las previsiones más catastrofistas, yo siempre digo lo mismo:


A las 7 de la mañana y después de haber probado la nueva remesa de poción mágica de Jose, nos pusimos en marcha. La visión de Sant Joan, nublado, solitario y con los charcos en el suelo me recordaba la estampa de la reciente Maratóimitja con una sensación extraña, como si hubieran robado el sonido de los altavoces y los aplausos de la gente. Sólo faltaba la mata seca rodando impulsada por el viento, como en las películas de vaqueros y el silbido de "El bueno, el feo y el malo" de fondo...


Comenzamos a andar por la pasarela de madera de reciente construcción y nos fuimos internando en el fabuloso bosque de pinos que rodea el camping.




Salimos de él y aunque mirábamos de vez en cuando para atrás, no conseguimos ver en ningún momento la silueta del Penyagolosa, ya que estuvo toda la mañana envuelto en nubes. Intentando forzar al buen tiempo para que llegue de una vez, yo había traído mis pantalones de perneras desmontables y zapatillas en lugar de botas. Como había llovido hacía sólo unas horas, la hierba estaba húmeda y enseguida tuve los calcetines mojados. A ratos practicamente se secaban y después se volvían a mojar con la hierba otra vez, por lo que tuve un baño de pies intermitente durante toda la mañana. En esto estaba cuando comenzó a amanecer en lontananza.


Durante gran parte de la ruta nuestro desnivel iba a ser casi inexistente y, en todo caso, en descenso, por lo que fuimos andando como si fuera un agradable paseo y con todo tipo de conversaciones. Sin casi darnos cuenta llegamos a Vistabella, donde PacoJavi había dejado su coche para recogerlo después, ya que él, por compromisos, no podía hacer toda la ruta pero sí que quería compartir unos kilómetros con nosotros. Pasamos por delante de la Iglesia para que dejara unas cosas en el coche y continuamos.


Al poco de salir de Vistabella pasamos por una bonita fuente con un gran abrevadero y unos cuatro km más tarde decidimos buscar un buen sitio para almorzar. Lo encontramos al lado de unos refugios de pastor. Tras el almuerzo, Paco tenía que irse y ahí lo tenemos en la tercera imagen emprendiendo su regreso. Mari y yo, algo sensibleros, comentábamos que daba un poco de pesar verle irse solo, cuando habíamos estado unas horas en muy agradable compañía. Bueno, espero que se repita pronto. Cuando llegara al coche Paco habría hecho en esta ruta unos 17 km en total, que disfrutó como un enano.


Haciendo de tripas corazón (jeje), nos pusimos en marcha de nuevo. La orografía cambiaba aquí y nos mostraba bonitos valles alfombrados de carrascas y montañas más salvajes con grandes cortados.




Este tipo de paisaje se parece más al que estamos acostumbrados y disfrutábamos de lo lindo con las preciosas sendas y las vistas panorámicas desde lo alto.




Una vez pasamos la masía de Mas Nou, nos dimos cuenta de que la senda más pisada nos llevaba fuera del GR, por lo que volvimos a retomar el sendero marcado. Este pequeño tramo de senda parece que la gente lo hace por la pista porque no está casi pisado y la hierba lo está invadiendo, aunque no ofrece ninguna dificultad y si se sigue haciendo así al final se perderá. Nos encontramos sin esperarlo con un cruceiro en medio de la nada y salimos a la pista.


En algún punto debíamos cruzarnos con el grupo de Kiquet para hacer el intercambio de llaves y esto ocurrió justo en la mitad del recorrido para los dos. Cuando ambos llevábamos 17 km coincidimos en un lugar que no hubiera salido mejor de haberlo planificado, en la Ermita de San Bartolomé. Es otro momento emotivo como aquél de antes, en que siempre produce una alegría especial cuando nos encontramos para cruzarnos y nos contamos lo que le espera a un grupo y al otro.

En el suelo bajo el arco del porche de la Ermita hay encastrados algunos fósiles entre el cemento. Echamos un vistazo por la pequeña ventanuca de la puerte al interior de la estancia y podía verse la Capilla y los bancos en un ambiente de silencio y recogimiento.


Nos hicimos la foto de grupo y a volar.


Ahí les tenemos alejándose ya y en la segunda imagen vemos la Ermita donde estábamos hace un momento.


Pasamos a través de unos prados llenos de vacas, algunas de las cuales nos sostenían la mirada y, claro, con ello mantenían también los cuernos orientados hacia nosotros, especialmente alguna de color negro que imponía con su aspecto. Estuvimos hablando con el pastor, que nos dijo que las negras eran vacas avileñas y que se parecían en cierta manera a las reses bravas pero que no eran sino vacas mansas como las otras.


Con nuestro caminar y tras un cómodo descenso por unas sendas de impresión, llegamos al punto más bajo de la ruta, el cauce del Río Monleón y la sensación fue de cierto desencanto. Sólo hace poco más de dos meses, haciendo la ruta correspondiente al vértice del Picayo (fantástica ruta, y no es porque lo diga yo, sino porque lo podéis comprobar pulsando aquí para leer aquella crónica), habíamos tenido que vadear este río en dos ocasiones y nos llegaba con fuerza el agua hasta las rodillas, teniendo el cauce con agua en aquél momento más de 20 metros de anchura por donde lo cruzamos. Aquí os dejo una foto para que podáis comparar y en la crónica podéis ver un gracioso video y comprobar la anchura del río.


Cruzamos el cauce seco y comenzamos el ascenso pasando por un pozo cerrado, con abrevadero, que queda un poco a la derecha de la senda.


La senda va subiendo entre lazadas no muy duras pero se prolonga por más de cuatro kilómetros, en los que vamos ascendiendo con rapidez y puede verse la altura que hemos ganado.

Echando la vista atrás pudimos comprobar que venían hacia nosotros unas nubes que ya habían empezado a descargar por el valle y continuamos para ver si cuando alcanzáramos el collado y pasáramos a la otra parte de la montaña nos librábamos de sacar los chubasqueros. Vimos cómo lo íbamos consiguiendo ya que sólo nos alcanzaron unas pequeñas gotas, que incluso se agradecían en el esfuerzo de la subida.


Cuando llegamos arriba ya aclaraba de nuevo.


Seguimos ahora por pista y enseguida tuvimos a la vista las montañas muy escarpadas que rodean Culla, a la que vimos asomar allá en lo alto.



Como el cielo estaba muy variable y parecía encapotarse de nuevo, decidimos entrar en el "Bar del Poble" a comernos el bocata de la comida con unas cervezas, que bien nos las habíamos ganado. Esta parada estuvo muy bien. Las cervezas (no pudo ser sólo una) estaban buenísimas y las aceitunas chafadas y el bocadillo de longanizas recién hecho y los cafés... y la poción mágica...

Nos levantamos sin querer "querer" de allí con la sensación de haber comido muy a gusto y continuamos para recorrer los 6 km que nos quedaban. Comenzamos bajando, al lado de otro cruceiro del camino.



La senda nos introduce a traves de un precioso azagador que por momentos está alfombrado con margaritas.



Una vez superado el valle, volvimos a subir. Es lo que tiene el monte. Podíamos ver detrás de Mari, en la primera imagen, la población de Culla, de donde acabábamos de salir ¡Y parece que andar no cunda!

Mientras subíamos, veíamos arriba la silueta de la Ermita de Sant Cristofol, pero cuando nos encontramos próximos el cielo se tornó violeta, sonaban truenos y comenzó a chispear, por lo que decidimos continuar y no emplear la media hora que nos costaría la visita a la Ermita. Como decía la genial Carmen Mochi en un episodio de la serie "Aida": "No estaba el chichi pá farolillos".


Tras un breve chaparrón que nos hizo sacar durante unos minutos los chubasqueros, volvió a salir el sol y comenzamos el último tramo de la jornada, en descenso, teniendo a la vista la población de Benasal.

Llegamos donde Kiquet nos había aparcado el coche, en el mismo parquecito de la vez anterior y procedimos a asearnos y a cumplir con el tradicional baño de pies. Al final tuvimos que apresurarnos, pues el cielo nos dijo que ya estaba bien de tener tanta suerte y que iba a descargar con furia sobre nosotros, por lo que recogimos rápidamente y ya en el coche y de vuelta, cayó la lluvia con fuerza durante media hora.


Una ruta fantástica en la que me he encontrado fenomenal y en la que no he acabado cansado. Puede que hayan ayudado los variados estímulos visuales, que el tiempo nos ha respetado y la compañía como siempre, por supuesto. Esta vez dejé las botas y me calcé las zapatillas que uso en las carreras de montaña, unas Assics Trabuco, con las que he ido súper cómodo y que incluso al acabar los 35 km parecía que llevara puestas las zapatillas de estar por casa.






...
Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track pulsando aquí: PABLOONCE

4 comentarios:

  1. Estupenda crónica,casi me haces llorar.

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  2. Ánimo PacoJavi, a ver si te vemos más a menudo, que es un placer ver cómo disfrutas absorviendo las sensaciones de la montaña.

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  3. El tema que comentas de las zapatillas en lugar de botas es algo por lo que mi compañero de rutas y yo nos hemos decantado ya hace algún tiempo y desde luego cuando las pruebas ya no quieres volver a las duras botas.

    Eso sí, conviene haber 'rodado' un buen tiempo con las botas y haber endurecido bien los tobillos antes de aventurarte por montaña en zapatillas, cosa que para tí no será ningún problema.

    ¡Saludos y suerte!

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  4. No sé com ho fas Pablo, però sempre pilles les rutes amb el millor temps: fresqueta, núvols i la pluja quan ja esteu al cotxe.
    Anar amb tu és assegurar-se una magnífica ruta.
    Per cert als "cruceiros" per eixes terres els diuen Peirons (o Prigons).

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