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domingo, 4 de marzo de 2012

16- GR-7: Etapa 16ª GR-7 Comunidad Valenciana: de Collado Bayart a Caserío de Benalí / A+ 1159 m / 36,30 km

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Esta semana tocaba acompañar a Kiquet en la etapa número 16 del GR-7 a su paso a través de la Comunidad Valenciana. En esta ocasión iríamos desde el Collado de Bayart hasta el Caserío de Benalí, o viceversa.

Como siempre en estas etapas lineales, nos dividimos en dos grupos. En este sentido lo harían Kiquet, Mari y Jose y Carmen K y en el sentido contrario lo haríamos Manuel Carlos y yo.


Os dejo un video de un vuelo simulado en 3D en el sentido en que lo hicimos nosotros:


Siendo poco más de las 7 de la mañana y ante un hermoso amanecer, comenzamos a caminar desde el Caserío de Benalí. Nos vimos acompañados de un fuerte viento en contra, que nos duraría toda la mañana. Menos mal que no era muy frío, aunque la sensación térmica no era agradable y la velocidad con la que soplaba molestaba bastante. Lo bueno que tenía era que hacía que las nubes circularan rápidas y fueran cambiando de forma continuamente, cambiándonos cada poco el telón de fondo del escenario.



El firme era de lo más soso. Primero una pista de asfalto que había conocido mejores horas y después pista y más pista y así durante los 36 km que quedaban. Tras una leve bajada nos encontramos con el lecho de la Rambla del Río Grande.


Nada más cruzarlo comenzamos nuestra primera subida. Ésta sería continua durante unos 7 km, hasta llegar al alto de La Muela. Cuando llegamos arriba y como la pista pasaba cerca del borde, se nos ofrecía una amplia visión a nuestra izquierda.



Pasamos el desvío del depósito de Fuente Fría y comenzamos a buscar un sitio resguardado del viento para poder almorzar, que después de 14 km ya estaba bien. Al final vimos un hueco rodeado de carrascas y allí nos aposentamos. Tras recuperar fuerzas nos pusimos de nuevo en marcha, ahora continuando la bajada, viendo a nuestra derecha un barranquito que tenía muy buena pinta y en el que se veía a lo lejos el depósito de La Balsilla junto a una derruida pero imponente masía.


Veíamos la silueta del Caroche a nuestra diestra, que imponía con sus laderas empinadas y su sensación de altura dominante.



Cruzamos el Barranco de Peñarroya y emprendimos nuestra segunda larga subida de la jornada.


Cuando llevábamos un rato nos cruzamos con el resto del grupo que venía en dirección contraria a la nuestra. Venían animados ¡Claro!, llevaban el viento, con rachas de 60-80 km, a favor. Los fieras habían venido a buen ritmo. Nos tomamos un café con ellos y estuvimos contándonos lo que le deparaba a cada grupo a partir de ese momento. No hay nada como la información fresca y de primera mano.



Nos despedimos y nosotros seguimos subiendo.


Sólo hay un par de cortos tramos en que el GR sale de la pista principal para adentrarse por una pista olvidada que está cubierta de aliagas y que enseguida vuelve a desembocar en la principal de nuevo. Aun así, y a pesar de los pinchazos, casi se agradece el dejar de pisar la monotonía durante unos momentos.


Mirando atrás pudimos hacernos una composición de dónde veníamos y por dónde habíamos pasado. Parece que no, pero andando, andando, hay veces que te sorprende lo lejos que se ven tramos por los que has pasado hace un rato y allá a lo lejos identificamos el collado por el que habíamos pasado cuando superamos la muela y estuvimos cerca de los ventiladores.


Seguíamos subiendo bordeando las lomas de El Celemín que nos sorprendió con unas curiosas muelas rocosas. En una de las paredes de la roca pudimos ver “una cova o un forat”.



Descendimos un poco hasta alcanzar la Rambla de Argongueña y seguimos subiendo en busca de nuestro esperado objetivo, que no era otro que la balsa y la fuente del Collado de Caroche. Se hizo de esperar la condenada, ya que la subida no se acababa nunca, pero tuvimos nuestra recompensa. El agua de la balsa, aparte de accesible al tacto, estaba transparente y nos hizo pensar en que si hubiéramos pasado por aquí en una época más cálida, no se hubiera librado de tenernos dentro chapoteando por un rato.

Un poco más a la derecha y siguiendo la tubería que alimenta la balsa se encontraba la deseada fuente. Está en un entorno muy agradable, con sombra, agua corriente y hierbas para tumbarse… mmm, lugar paradisíaco a esas alturas y de cuyos cantos de sirena se nos iba a hacer difícil despegarnos. El agua de la fuente estaba fresca y, como encima de nosotros ya sólo estaba ya el Caroche y me encanta beber de las fuentes, así lo hice y la encontré muy buena. Tenéis la prueba de que todavía sigo aquí, aunque no dudo que algún día tendré que hacer uso del amigo Fortasec. También me rendí a la evidencia (no es que en realidad hiciera mucha resistencia) y cedí a la tentación de refrescar mis pies y descansar un poco en ese agradable paraje.



Continuamos… cómo no, subiendo un poco más, dejando atrás la balsa, la fuente y el refugio, que seguramente serían lo mejor de esta ruta y se nos ofreció una bonita imagen de la Rambla por la que acabábamos de pasar.


Estuvimos tentados de subir al Caroche, que sólo distaba un kilómetro desde la fuente, para coronar el vértice geodésico, pero pensamos que era como desperdiciar una futura ruta que esperemos que tendrá alicientes por sí sola y que nos tocará hacer en un futuro próximo. Mirando hacia atrás podíamos ver la balsa y arriba la torre de vigilancia forestal de la cima del Caroche.


Cuando estábamos girando hacia el Camino del Alto de la Tona, vimos más allá del Caroche, en la dirección aproximada de donde veníamos, una gran columna de humo de lo que supusimos un incendio y que de seguro se vería favorecido por el fuerte viento reinante que hacía que nos costara avanzar.


La ruta hubiera estado bien que acabara aquí, en la fuente, a los 28 km y con un buen sabor de boca, ya que ahora nos quedaban unos 8 kilómetros que la verdad es que nos sobraron. Al rato, la pista nos ofrecía en el frente una curva y al no saber que habría tras ella, pensábamos que nos gustaría que ya se viera el coche desde lejos, pero no. Lo que sí que vimos fue restos de nieve todavía en el lateral de la pista. Se ve que cayó una buena nevada por aquí estas semanas pasadas. La pista volvió a ofrecernos otra curva hacia el vacío, pero al llegar tampoco se veía el coche, sino más pista…


…y más nieve en el arcén.


Tras una de las siguientes curvas vimos el largo valle por el que circulamos en la etapa anterior, cuando nos dirigíamos al Collado de Ballart y que atravesamos viniendo desde el pantano de Cortes.



Nos quedarían unos 3 kilómetros cuando llegamos a un abrevadero con agua y aspecto agradable que nos hizo pensar quedarnos a comer allí . No hubiera sido mala idea el comer con los pies en el agua, pero como quedaba poco, decidimos continuar pasando por otra y otra curva interrogante.


Tras la última curva de la imagen anterior, ya vimos el coche allá abajo y el último kilómetro decidimos hacerlo corriendo para cambiar el tono cansino de nuestras piernas y darles un poco de alegría.

Llegamos al coche a las 14:55, nos cambiamos de zapatillas y nos fuimos a buscar un pueblo con fuente donde comer. En Teresa de Cofrentes ya sabíamos por la semana anterior que no había fuentes a la vista, por lo que continuamos hasta Ayora. Aparcamos al lado de una plaza y compramos unos botes en un bar, pero después vimos que la fuente del parque no tenía agua. Continuamos hasta Almansa y paramos en un parque grande.

De nuevo a la fuente le habían quitado el grifo y taponado con una tuerca. Vamos a ver, esto es ya una costumbre habitual en algunos pueblos. Los dirigentes cortan por lo sano sin saber que sus cabezas sirven para algo más que para sostener sus sombreros. Quitan los grifos o los taponan para que no los estropeen y se salga el agua. Lo que tendrían que hacer es buscar otros métodos que dificulten los gamberrismos y las pérdidas de agua. Esas fuentes de las que sólo sale agua cuando se pulsa con el pie sobre una goma, resultan poco propensas al vandalismo y hacen que la gente se pueda echar un trago o los niños refrescarse de las fuentes como se ha hecho siempre. Yo, desde luego, las reivindico, aunque llegue el día en que junto a ellas pasee Blade Runner o los coches circulen levitando sin contaminar ni hacer ningún ruido.

Etapas como ésta demuestran que el Centro Excursionista de Valencia, si es que son ellos los responsables de mantener el GR-7, podrían plantearse cambiar el trazado de algunos tramos que, si bien en un principio serían sendas poco pisadas, ahora son pistas infumables que se han aprovechado para otros usos que no son propiamente el caminar y ahora resultan nada atractivas para sendear por ellas. Baste decir que la ruta de hoy podría hacerse totalmente, desde el principio hasta el final, montado en un turismo cualquiera.





Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track pulsando aquí: PABLOONCE

3 comentarios:

  1. Pues muchas gracias por compartir vuestras rutas. Mi nombre es Toni y estoy disfrutando de los blogs mas alla de mi Galicia para disfrutar con vuestras publicaciones, y tal vez un día poder patear alguna de ellas.
    Un saludo desde Galicia y enhorabuena por el blog. Nos vemos en el camino
    http://caminandoporgalicia.blogspot.com

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    1. A ver si es verdad y puedo volver pronto a "ese" camino. Me gustó mucho cuando hice el tramo gallego.

      Saludos.
      Pablo-

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  2. Vuelve cuando quieras, estarás como en casa, en nuestros senderos. Me encanta tu proyecto, suerte. Nos vemos en el camino

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